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La bruma invade el escenario. Asfixia. Desorienta. Impide ver más allá de la nariz. El aire está viciado y la única manera de salir de ahí es caminando, ¿hacia dónde? No importa, simplemente hay que caminar. Hay que vivir, vivir ¿para qué? Para seguir viviendo. La niebla se disipa y en cuanto los ojos se adaptan al lugar se percatan de un hombre encerrado en una torre de cemento que lucha contra la perenne estática que gobierna su viejo televisor, ignorando los ecos de una esposa que desapareció hace años de su vida y cuyo paradero desconoce. Así inicia Texel/Texas una obra que regresa a México, esta vez en el Teatro El Milagro, para obligar al espectador a replantearse su vida y cuestionar su razón de ser, de estar, de vivir.

Con una narrativa onírica, no lineal, poética y coral, Texel/Texas es un reto para el espectador habituado a narrativas más condescendientes con sus expectativas que, sin embargo, hipnotiza con sus incesantes cambios de perspectiva que dotan a la obra de un ritmo violento que se equilibra con la combinación de diálogos poéticos, existencialistas y coloquiales que evidencian la amplia gama de variedades que tiene el género humano. Parece imposible que el espectador que se levante de la butaca una vez terminada la obra no cuestione su vida o el sentido que ésta tiene.

Texel/Texas es un ejercicio de inmersión en un mundo plagado de cuestionamientos y falto de respuestas, infestado de personajes profundos y a la vez sencillos, cuya complejidad radica en los cuestionamientos que realizan a partir de banalidades o cotidianidades de una vida que encuentra menos lógica entre más se le cuestiona. La ambientación de la puesta en escena es uno de los puntos más fuertes con los que goza, el constante uso de humo permite que el público experimente esa ceguera invasiva que padecen los personajes y que les impide ver las respuestas a sus preguntas. 

La obra versa sobre una madre y su hijo que llegan a la frontera entre Holanda y Texas para recoger el cadáver de su esposo y padre, respectivamente, quien cayó de lo alto de un edificio. En esa frontera abierta se encontrarán con el muro de la burocracia o “formalidades” que les impedirá recuperar a su ser querido y poner a prueba su limitada paciencia. El hombre encargado de entregar el cuerpo se enfoca en reparar una vieja televisión que no solo muestra estática, ignorando el recuerdo de una esposa ausente que desapareció o lo abandonó, a él no le importa. Esta esposa, su recuerdo o su espíritu, deambula entre las ruinas de una vida más que se perdió al caer de un edificio.

La paciencia de la madre y el hijo llega al límite, lo que detona un caos en su relación. Los sentimientos de odio reprimidos por años afloran en esa frontera desértica donde la esperanza es un mito. La dinámica entre madre e hijo se rompe, las jerarquías desaparecen, el amor se convierte en quimera y el verdadero ser que vive dentro de ellos se manifiesta en forma de desprecio, recriminaciones y deseos de separación.

Por su parte, el hombre encargado de entregar el cuerpo se resguarda en su edificio construido con conformismo. La vida ahí es monótona sí, pero segura y él no está dispuesto a perder esa seguridad incluso si está condenado a ver la estática de una televisión vieja cuyas ganas de vivir fenecieron hace años. Este hombre adicto a las formalidades muestra la falta de deseo que padece el ser humano y su adicción a lo que considera seguro, inerte, perenne.

La mujer que vaga sobre el escenario cual espíritu confronta el significado del amor y la vida en pareja. Deambula por una vida a la que intenta encontrarle sentido y que, inminentemente, la llevará a postrarse en lo alto de un edificio para poder ver, por primera vez, con claridad. Esta mujer realiza una revisión a su pasado, regresa paso a paso a la génesis de todo para ver si puede encontrar el punto de quiebre que la condenó a una vida genérica. Ese pasado está presente en ella, en su ser, en su discurso, en su dolor y no la deja durante toda la obra.

A través de este cúmulo de historias que pasan por farsa y el humor ácido y que son brevemente interrumpidas por pasajes poéticos en los que se pone en duda y se hace una crítica puntual a los vicios del ser humano, Texel/Texas se interna en un mundo onírico y simbólico que arrincona al espectador y lo abruma con cuestionamientos profundos y complejos que, inevitablemente, lo hacen partícipe del mundo que comparten sus personajes.

Las múltiples críticas y el complejo estudio que esta obra pretende hacer del ser humano, puede llegar a abrumar por su corta duración y lo profundo de los temas que presente y que exigen un estudio más detallado y pormenorizado que la puesta en escena no logra realizar, sin embargo, estos esbozos de cuestionamientos y críticas, que se centran en el ser humano y su razón de existir, son un excelente punto de partida para incentivar al público e inducirlo a llevar esos cuestionamientos al límite.

Cada personaje está perfectamente delineado y representa, al menos, uno de los vicios más grotescos de la humanidad como lo son la indiferencia, el consumismo, la soledad, la envidia, el deseo de gobernar, el egoísmo, etc. La “estática” es el concepto que se mantiene como el eje rector de la obra y representa perfectamente a todos los personajes, esos cuerpos en reposo, inertes, cuyo único objetivo es seguir viviendo a pesar de que su vida no tenga un sentido. 

Texel/Texas es una obra compleja que abruma y encanta, cuestiona e invita a pensar, seduce e hipnotiza a un público que es exigido al límite. Esta obra se presentará en el Teatro El Milagro del 24 de marzo al 18 de abril del 2021 de miércoles a viernes a las 20:00 horas y sábados y domingos a las 19:00 horas. El Teatro El Milagro cuenta con las medidas higiénicas necesarias para cobijar a su público y dotarlo de una experiencia segura y de calidad.

   
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