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El encierro es un acto antinatural para cualquier ser vivo y cuando éste se prolonga indefinidamente puede afectar la mente y los sentidos de forma cruenta. El enclaustramiento del ser humano lo obliga a enfrentarse a realidades que permanecían ocultas bajo el espejismo de la realidad, ese enfrentamiento puede ser fatal cuando la verdad emerge dentro de cuatro paredes y no encuentra escape alguno.

Bajo esta premisa el 10 de noviembre se estrenó Rabia en el teatro La Capilla. Escrita por el dramaturgo Alexis Casas Eleno y bajo la dirección de Enrique Aguilar, esta obra, ambientada en un pueblo mexicano en 1994, cuenta la historia de Ramiro (Iván García) y su madre Rebeca (Fernanda Enemi) quienes se ven obligados a encerrarse en su casa para no ser víctimas de una horda de perros sedientos de sangre al ser contagiados por una epidemia de rabia que se cierne sobre el pueblo.

Ramiro intenta escapar de su realidad narrando historias ficticias en una grabadora a la par que busca obtener el cariño de su madre a toda costa. Rebeca trata de ignorar el dolor de una pierna que se gangrena a causa de la mordida de su perro y mantiene su fe intacta esperando la llegada de su hijo predilecto, mientras trata de soportar los embates amorosos de Ramiro, por quien siente un profundo y evidente odio.

Rabia se desarrolla dentro las paredes de una austera casa que hace las veces de cárcel para dos personajes que intentan escapar de una realidad que los golpea constantemente en el rostro. A pesar de estar en el interior, una neblina perenne gobierna el recinto, fungiendo como alegoría de la ceguera autoimpuesta en la que los personajes prefieren vivir como escondite de la cruda verdad. Ramiro quiere obviar el hecho de tener una madre que lo detesta; Rebeca se niega a dar por muerto al hijo que realmente ama y cuyo regreso espera como el de un mesías.

El confinamiento al que se ven obligados los personajes a permanecer, dentro de un espacio tan reducido como lo es una casa de clase baja, no impide que se marque el distanciamiento psicológico latente en los personajes. Ramiro y Rebeca se evaden y distancian en el pequeño lugar que ocupan cual polos opuestos, los trazos de los personajes buscan marcar el distanciamiento, mismo que cuando es roto causa una colisión violenta entre dos seres que incompatibles que están forzados a compartir un mismo espacio.

La rabia, lejos de ser únicamente la causa del encierro de los personajes, sirve como metáfora del resentimiento existente entre los personajes, mismo que se expande y contagia hasta alcanzar niveles patéticos de violencia extrema. Esta rabia más que una enfermedad, es síntoma de una histeria colectiva (representada a través de dos personajes) que se crea tras un enclaustramiento forzado, como se vive en tiempos actuales.

Es interesante la manera en que aborda el peso de la verdad en una sociedad que prefiere mantenerla oculta. Conforme la verdad sale a la luz, los cimientos de la relación existente entre los personajes se debilitan hasta derrumbarse, lo que los lleva a caer en una espiral de violencia que culmina en un final inesperado.

Rabia es una obra poderosa que mantiene un ritmo alto durante todo su desarrollo, el conflicto entre los personajes se agudiza conforme transcurre la trama. Existe un ambiente de tensión permanente durante el desarrollo de la historia que mantiene en vilo a la audiencia y la interna en la historia. Las actuaciones de Iván García y Fernanda Enemi son de una calidad excepcional, se apropian del odio que poseen los personajes y lo expresan a través de diálogos crudos y movimientos portentosos.

Esta obra se presentará en el Teatro La Capilla todos los miércoles a las 20;00 horas del 10 de noviembre al 15 de diciembre del 2021.

   
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