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Pienso en el cliché que dice: toda historia tiene un final. Con cambios de elenco, viajando entre distintos escenarios, interactuando con públicos distintos, pero siempre con un huipil sobre sus cuerpos; Mestiza Power ha cumplido década y media de contar los testimonios de mujeres yucatecas. Según contó Conchi León, muchos creyeron que esta obra sería el único trabajo importante de su carrera; una candela que se eleva en el cielo para formar un crisantemo de luces y después se pierde en la oscuridad. Sin embargo, hoy el calor de ese fuego no solo se ha podido presenciar en latitudes distintas, sino que ha encontrado una nueva forma de vida: las transmisiones virtuales. 

Desde el cierre de los teatros por la crisis actual, los hacedores de espectáculos en vivo pensaron en distintas formas para seguir trabajando desde el encierro: retransmisiones, adaptaciones, lecturas dramatizadas y conciertos han formado parte de esta cartelera; sin embargo Conchi y su equipo han encontrado una mezcla de distintos lenguajes —sobre todo cinematográfico y teatral— que dota a sus montajes de una estética particular; no solo porque está pensada —y bien trabajada, pues el ritmo, la iluminación, las tomas y los sonidos que logran crear demostraron conmocionar y divertir al público— para el formato de ZOOM sino también porque al mirarla, se siente en armonía con otros trabajos de la dramaturga mexicana como Cachorro de León y Del Manantial del Corazón

La obra abre con un diálogo entre tres mujeres que desde una perspectiva podrían carecer de identidad, pues no tienen nombre sino solo una característica definitoria: son mestizas. Sin embargo, cada una de ellas podría ser la otra; cada una de ellas podría ser un reflejo —parcial o casi total— de las mujeres del público sin importar si portan un huipil, si hablan maya o si te han intentado comprar como si fueras un objeto, pues así como hay anécdotas que se cuentan después de quince años, hay contextos que se viven en casi todos los ámbitos del ser mujer en este país y de muchos otros: la vulnerabilidad y contra ella, la resistencia de ellas para elegir, rasgar y volver a empezar. 

En la segunda parte, se desarrollan tres monólogos —interpretados por Laura Zubieta, Salomé Sansores y Conchi León— donde sabremos detalles de la historia de una empleada doméstica cuya libertad que su hamaca le brinda resulta invaluable, las vivencias de una vendedora ambulante que está dispuesta a contar mucho sobre ella, pero siempre a través de todos esos que le rodean y finalmente, una curandera cuyas hazañas siempre enfocadas al bien le han traído un odio que no ha podido invadir su corazón. Todas estas voces nos acercan a temas tan complejos como la violencia doméstica que se tolera porque el agresor es de la misma sangre; la situación laboral y económica donde si hay trabajo se come y si no, ni modo. Hablar de odio, de etnias —y habrá que cuestionarse este tipo de términos que el colonialismo y después la colonialidad occidental han cargado de ciertas significaciones peyorativas—, de sus cuerpos y de su complejo camino a la libertad es pertinente en la actualidad. 

En Mestiza Power, Conchi León —con el humor tan orgánico que se ve en la mayoría de sus proyectos— permite que los seres que regularmente son subyugados hablen, evadiendo así el final mortal y lacerante que muchas mujeres terminan por aceptar: el silencio. Aquí estas mujeres ríen, no entienden las acciones de los que les rodean, se encuentran nerviosas y algunas veces, logran someter a esa supuesta predestinación a la que les dicen estar sujetas. Es el power de cerrar los ojos para imaginar un final distinto. Es el power de cerrar los ojos para después hacer que todas estas situaciones se vayan evaporando. Es el power de cerrar los ojos y que lo demás desaparezca, pero jamás la esencia de estas mujeres. 

  • Compañía: Saas -Tun 
  • Dramaturgia y dirección: Conchi León 
  • Elenco: Laura Zubieta, Salomé Sansores y Conchi León 
  • Género: Teatro Testimonial Boletos:https://boletopolis.com/es/evento/15230
   
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