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El 1 de mayo de 1941 se estrenó en el Palace Theatre la que se considera como la mejor película estadounidense en la historia. Y aunque Citizen Kane (Dir. Orson Welles) cambió el modo en que se veía a la narrativa hollywoodense, la historia detrás de los cineastas involucrados tal vez sea igual o más interesante que la protagonizada por Charles Foster Kane. 

Mank es una película estadounidense de 2020, dirigida por David Fincher y estelarizada por Gary Oldman, Amanda Seyfried, Lilly Collins y Charles Dance. Hollywood de los 1930 es revaluado a través de los ojos del guionista mordaz, crítico social y alcohólico, Herman J. Mankiewicz, mientras se apresura a terminar el guión de Citizen Kane

Cada cineasta relevante tiene una historia sobre el proyecto pasional que tardó décadas en consumarse. Ese proyecto parecía más un mito que una producción real. Después de 20 años en desarrollo y tras seis años de ausencia en la gran pantalla, David Fincher logra estrenar la complicada historia de Mankiewicz y su camino a la gloria. 

En la década de los 90, Jack Fincher, escritor, guionista y padre del director David Fincher, terminó un guión de 120 páginas que contaba la travesía detrás de la cinta más grande de Orson Welles. El interés de David fue inmediato y trató de concretar la producción en más de una ocasión, sin embargo, los costos de producción y la visión del director impidieron su realización. 

La cinta se fue atrasando y atrasando hasta la muerte de Jack en 2003. 17 años después de la muerte de su padre y apoyado por la nueva fuerza de Netflix, Fincher al fin pudo completar su proyecto más íntimo y se nota el esmero en cada parte de la producción.

Aunque grabada con equipo digital, el director de fotografía Erik Messerschmidt y el director de Fight Club (1999) logran dotar a la cinta de la estética inconfundible del Hollywood que desapareció. La luz difuminada y las sombras cortantes del blanco y negro de Messerschmidt, aunado a los suaves y planeados movimientos de cámara de Fincher, remiten instantáneamente a los maestros de antaño que eran capaces de cambiar de plano una y otra vez dentro de la misma toma. 

Como pocas veces en su carrera, tenemos oportunidad de ver a un Gary Oldman al desnudo. Despojado de cualquier tipo de prostético, maquillaje o atuendo estrafalario, Oldman se vale únicamente de la vulnerabilidad propia y del personaje para mantenernos interesados en un hombre que de otra forma nos habría alejado en poco tiempo con sus vicios. 

La controversia nace desde el planteamiento del guión escrito por Jack Fincher. Aunque fue reeditado por David Fincher y Eric Roth, el guión de Jack está fuertemente influenciado por el artículo Raising Kane de Pauline Kael, donde se pinta a Welles como un egomaníaco voraz dispuesto a lo que sea para grabar su nombre en el firmamento del cine americano. Decenas de historiadores cinematográficos, expertos y allegados de Orson Welles han desmentido rotundamente la narrativa de Kael, por lo que esta visión ya no tiene resonancia actualmente. 

David Fincher y Roth estaban conscientes de esto, y en sus retoques al guión y especialmente en su dirección se encargan de balancear la historia, respetando la visión de Jack, la historia con narrativa en zigzag que emula al guión de Citizen Kane y las complicadas relaciones de la industria, pero al mismo tiempo enfocándose en el retrato de un guionista alcohólico que ha perdido el rumbo casi por completo y que cambia constantemente de opinión sobre lo que debe hacer, lo que debe contar y cómo debe ser acreditado. 

Trent Reznor y Atticus Ross regresan para una cuarta colaboración con el director. Si algo les ha enseñado su pasado con el realizador de The Social Network (2011) es a transformar la melancolía en música, por lo que Mank tal vez sea su prueba definitiva. Utilizando únicamente instrumentos de la época, Reznor y Ross nos remiten a las solitarias noches de California, en un Hollywood que ya no existe, en una industria cinematográfica ahora irreconocible. 

Osada pero también enternecedora, Mank es el regreso triunfal de Fincher al cine, un regalo para la memoria de su padre y una mirada tajante pero justa hacia una industria que no perdona, que te utiliza el tiempo que puede, para después desecharte a la primera oportunidad. Una mirada al trabajo ingrato de los guionistas cinematográficos, así como una mirada a una figura enigmática, fascinante y a menudo ignorada a la que hoy conocemos como Herman J. Mankiewicz

   
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