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El nombre de Julio Camejo resuena en la mente, ya sea por su trabajo como actor y bailarín o como personaje que reconocemos en televisión. La realidad es que la mayoría de las veces sólo conocemos una versión de aquellas figuras que vemos en pantalla, muy distintas a lo que son. En momentos complicados como los que vivimos, la vulnerabilidad ante la incertidumbre y el miedo no le es ajena a nadie.

“En retrospectiva estos 8 meses -de los 10 que llevamos- el único mérito que nos ha dejado la pandemia es la enseñanza de que la humanidad, por miedo a morir, dejó de vivir”. Sin más, en sus primeras palabras deja en claro su amor por la vida y su pasión por vivirla. Una visión en donde desperdiciar un solo día no es la opción.

“Yo nunca he sido partícipe del miedo”, dice fiel a los principios que su padre le enseñó: siempre había que levantarse después de cada caída y sacarle el mejor provecho a la situación.“El peor virus que atañe a la humanidad no es el COVID-19 sino el miedo, porque no te deja pensar, no te deja ser. La libertad es una decisión y una responsabilidad, tienes que ser consecuente de ello con todas las medidas de seguridad por respeto a la sociedad”.

El confinamiento lo sorprendió grabando la serie Narcos y varios proyectos en el teatro quedaron pausados como Un papá para tres y La homofobia no es cosa de hombres. Mientras todo era una total revolución, había dos opciones: quedarse sentado y criticar o volverse propositivo.

“Eso fue lo que hicimos. Hablé con varios actores e hicimos comerciales gratuitos para todas las empresas que estaban dando el giro a lo digital. Después cuando las personas estaban agrediendo al personal médico por miedo, escribí el poema Vocación de héroes que fue interpretado por Mariana Seoane y un servidor. Con el desabasto de equipos de seguridad médico sacamos la iniciativa junto a Casa de la amistad donde logramos, gracias a las donaciones, llevar más de 10 mil kits de seguridad a hospitales de la república mexicana”.

Aunado a ello, nos confiesa que para él la fama es más un deber que un derecho, pues como figura pública su voz llega a muchas personas, por ello se toma en serio la responsabilidad de dejar huella en aquellos que lo escuchan. “Tienes que ser alguien ejemplar, alguien que sume, alguien que inspire y sobre todo en estos momentos que estamos viviendo”.

Al abordar el tema de su carrera, nos cuenta que disfruta del crecimiento profesional, personal y espiritual. Reconoce al estudio como un factor importante para lograrlo; desde la preparación hasta la superación de los retos que van dejando aprendizajes. 

Además, confiesa que para él, las oportunidades llegan y se buscan. “El tren pasa de noche y cuando estás dormido; entonces hay que estar despierto y preparado”. Una vez que se abre la primera puerta, nos dice, se tiene que entregar lo mejor de uno, “darle al público la mejor versión de ti mismo como persona y como artista.” 

Julio Camejo, también recuerda a su padre como un ejemplo indispensable, pues para él esa figura representa fuerza, disciplina y aquella voz para alcanzar sus sueños. “Mi padre fue un tipo que tuvo mil caídas y siempre se levantaba. Al cerrar los ojos e irse de este mundo lo último que me dijo mirándome a los ojos fue: “nunca te rindas”, así que no me puedo rendir”.

La felicidad que irradia su voz se ve opacada cuando recuerda momentos oscuros que lo han marcado. El primero de ellos, fue la muerte de su padre, quien luego de unos meses desde la noticia de que padecía cáncer fase 4 con metástasis “estaba en la escalera de mi casa debatiendo entre si pagaba el último tratamiento a mi padre o le compraba la comida a mi hija” recuerda con nostalgia.

Otro de los momentos trascendentales fue cuando se rompió el talón de Aquiles; acontecimiento que truncó su carrera como bailarín. “ Tenía 19 años, un cambio total, le había dedicado el 80% de mi vida a eso. Gracias a ese cambio nació en mí el amor por el arte dramático y tengo otra profesión en la cual amo y agradezco”.

Para pasar a temas más alegres, le preguntamos sobre sus nuevos proyectos. La mexicana y el güero, una telenovela de comedia romántica en la que Julio colabora con Irán Castillo en un tema muy especial llamado Que hable el amor.

Su personaje (Mario) toca el Síndrome de Alienación Parental que es cuando un padre le quita el hijo al otro inconsciente o conscientemente psicológicamente a un niño para que termine odiando a la otra parte. “Tengo amigos que pasan por esto y lo que hice con ellos fue tallerear preguntándoles su situación, cómo viven esto, y es lo que se está viendo en pantalla. La idea es prepararte”.

Nos compartió el gusto de compartir con actores como Itatí Cantoral, Luis Roberto Guzmán, Irán Castillo, Juan Soler, Nora Salinas, “no siempre se ve un elenco así. Y al mismo tiempo poder llevar la diversión a las casas”.

“Que hable el amor es una canción que habla de lo que está sucediendo en nuestro entorno, donde las miradas a los ojos han quedado prohibidas, un abrazo puede llegar a ser un delito mayor, un momento donde el miedo es parte de nuestras vidas por más de ocho meses. Yo escribo una canción donde se conjuntan dos fuerzas, lo que pretendo con esta canción es inspirar a la gente a olvidarse del miedo y que hable el amor”.

Para finalizar, el actor nos invita a ver La mexicana y el güero por Las estrellas de lunes a viernes a las 18:00 horas; y seguirlos en futuros proyectos, pues promete próximas sorpresas.

   
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