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Una nave a punto de despegar con la misión de poblar Marte, aquel planeta extraño del que poco nos podemos imaginar, un lugar que solo conocemos por las imágenes, pero donde vivir parece imposible. Dos hijos a punto de comenzar una nueva vida, lejos de la Tierra que los ha visto crecer, de la comida que su padre sabe que les gusta. Hasta Luego es un unipersonal en el que podemos conocer la historia del padre que se queda con la felicidad de ver a sus hijos irse a tener una buena vida y la nostalgia de no poder estar con ellos en navidad o el día del padre.

Boris Schoemann es el protagonista de este proyecto que deja ver el dominio que ha adquirido la compañía Los endebles para las funciones virtuales. Algo que no se lograría sin el equipo técnico conformado por Jesús Giles —en la iluminación—, Pilar Boliver —en el vestuario— y el diseño sonoro que está a cargo de Joaquín López Chas. En cada una de sus tareas podemos ver cómo es que el trabajo que realizan desde sus respectivas aristas está enfocado en un resultado general, pues todos suman para lograr que Hasta Luego sea uno de los mejores proyectos presentados desde el inicio de la pandemia.

La dramaturgia es de Antoine Jaccoud y Shcoemann hace la traducción al español, es un texto que habla sobre soltar sin que esto tenga que ver con una gran despedida, no se trata de decir ¡váyanse! ¡No los quiero volver a ver!, es un tranquilo hasta luego, es amar a sus hijos que están a punto de hacer historia y tener una vida mejor. Marte puede ser otro país, otra ciudad tan lejana que solo podemos imaginarlo en las imágenes que conocemos.

Los hijos son representados como cactus en una maceta, una elección acertada pues lo único que conocemos de aquel planeta son los extensos desiertos rojizos de los que somos testigos en los archivos visuales a los que podemos acceder. Una planta que va adecuada a ese ambiente, resistiendo los cambios de las temperaturas y se adapta al lugar que se le designa igual que sus brillantes hijos, unos cactus que irán a crecer a un sitio distinto.

Una escenografía que tiene muebles cubiertos, una escalera, una mesa donde además de los cactus hay algunas plantas que acompañarán en el viaje a esos cactus solitarios. Un vestuario que resulta atemporal y es que las partidas no tienen un tiempo específico y no importa cuando ocurran nos dejan un rastro de nostalgia que dura hasta que anestesiamos los recuerdos con memorias nuevas. La iluminación a cargo de Giles logra que, en las tomas más cerradas, podamos ver en los rasgos de Boris, el rostro de un padre que se siente abandonado, el enojo que tendrá cada vez que alguien le pregunte por ellos. 

Acompañando a esta parte visual tenemos el diseño sonoro de Joaquín López Chas el encargado de crear sonidos tan discretos que parecerían ser parte de la misma palabra, formado de manera sutil una armonía con el texto y la actuación Shcoemann. La dirección de Daniel Bretón le da a la puesta un camino a la nostalgia que se requiere para que conocer la historia de una persona que deja de hablar desde el rencor o el dolor y habla más bien desde el amor que tiene para soltar resignándose a no volver a verlos, pero siendo feliz por la elección que está tomando. 

La obra se estará presentando los miércoles del 24 de febrero al 24 de marzo a las 20 hrs. vía streaming. Una propuesta que tiene valores de producción en la parte visual que enriquecen la experiencia del espectador pues aportan nuevas formas lo ya visto.  Lo que ha comenzado como una forma de acercar al espectador al teatro se ha convertido en una evolución —que aunque incierta— agradecemos por sumar al hecho escénico.

   
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