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“Yo sigo creyendo que hago películas para una sala, para un espacio determinado. Por mi generación y por cómo me formé concibo las películas desde el punto de vista del realizador de que será visto en un espacio propicio donde la audiencia podrá concentrarse”, comenta con una sonrisa en el rostro Julián Hernández, director y guionista.  

Inmediatamente siento un clic, mi amor por el cine no se limita a las historias, la narrativa o la estética. Como buena conservadora en el tema, disfruto todo lo que rodea la experiencia de ver una película. La conversación sigue y se hace inevitable hablar de las nuevas plataformas. El director reconoce que el streaming brinda nuevas posibilidades, aunque las posibilidades de distracción siguen latentes. 

Recientemente y con una pandemia que obligó a uno de los festivales más importantes en México el Festival Internacional del Cine de Morelia (FICM), a apoyarse en las plataformas digitales para llevar a más gente la programación oficial de su edición número 18; Julián Hernández pisó de nuevo la ciudad michoacana para presentar sus dos más recientes trabajos: el largometraje La Diosa del Asfalto, y el corto: El día comenzó ayer.

“Fue raro, pero bueno, estuvo todo bien organizado para que fuera seguro”, expresó sobre su experiencia en Morelia. Sin embargo, en su rostro no puede ocultar el entusiasmo al recordar las reacciones que La Diosa del Asfalto recibió durante su presentación en sala tradicional. “No fue indiferente la película, hubo bastante gente a la que le gustó”. 

El guión, a cargo de Inés Morales y Susana Quiroz, revive los acontecimientos vividos por Susana.La marginación, el deseo de una juventud femenina que reclama libertad, que quiere poner un alto a la violencia de género en los años 80; la conformación de bandas urbanas, el punk y la música son el escenario que dan vida al retrato de las Castradoras de Santa Fe.

Julián recuerda cómo conoció a las escritoras hace más de 20 años; y en un reencuentro cerca del 2009, le platicaron sobre el proyecto y su búsqueda por encontrar fondos y apoyos para su producción. Años más tarde; el cineasta pregunta qué ha pasado con la historia, para descubrir que sus amigas habían decidido abandonar el proyecto por falta de recursos para su realización.

La duda surge, ¿fue difícil retratar esos mundos? Sin dudar y con total confianza nos cuenta cómo en su juventud, experimentó en carne propia la vida de Santa Fe. Pese a ser un niño que salía poco eventualmente tuvo días de vagancia. “Muchas de las locaciones que encontramos dentro de la Ciudad de México como Tepito, son lugares que recorrí, los cruzaba todos los días para ir a la escuela. No hice una película de algo que desconocía, al contrario”.

Mientras la conversación avanza se pierde la línea de la entrevista para dejar que surja una charla más cercana, sin respuestas estudiadas. Las anécdotas salen a flote y Julián nos cuenta cómo es que uno de los ríos que aparece en la cinta solía ser de agua cristalina, donde alguna vez Susana Quiroz se bañó y jugó; ahora, no es más que aguas negras. 

También narró cómo tras una proyección de Rencor Tatuado (2018), las guionistas realizaron un comentario tras el cual él sólo pudo pensar “Cuánta agresividad”, sin saber que ese momento terminaría dándole forma al cierre de La diosa del asfalto. Y aunque la justicia es tema plasmado en ambas cintas, confiesa, se trató de una especie de coincidencia.

En el universo de La diosa del asfalto, proyecta el empoderamiento de la mujer no sólo en su narrativa, también en su producción donde la pantalla se llena de personajes femeninos. “En Rencor tatuado y La diosa del asfalto Las mujeres no quieren ser hombres ni asumir su papel; quieren seguir siendo mujeres pero empoderadas. Es lo más significativo de estas películas, aunque no lo había reflexionado hasta que se lo escuché decir a Ximena (Romo)”. 

Hablar de cine, es hablar de arte. Julián Hernández, no habla también del tema. Sus palabras abren esperanza para que los artistas busquen alternativas para crear obras de todo tipo, pero enfatiza en la función social del arte, uno que debe ser contestatario y que no vive de las instancias o apoyos de gobierno. En este sentido, comenta la importancia de buscar canales para que sigan siendo críticas o manifestaciones de lo que vivimos.  

Sus palabras resuenan porque van en congruencia con su cine, uno que no busca caer en los convencionalismos que llenan las salas. “Roberto Gavaldón al que ahora tanto recordamos y hacemos homenajes como el gran realizador que es, tuvo grandes fracasos de taquilla y llevó a grandes productoras a la quiebra con sus películas que ahora recordamos y analizamos. ¿Debería haber dejado de hacer sus películas? Por supuesto que no, o hacer las dos que es lo mejor. Hay que hacer lo mejor con lo que uno cree sin miedo a equivocarse.”

El tiempo se termina, pero nos llevamos el consejo más grande que nos da “honestidad, empeño, fuerza para resistir los embates de todo tipo. Ahora más que hay menos presupuesto.” Sin que lo mencione, notamos pasión y en el fondo sé que es el mayor de sus motivos para seguir haciendo cine. 

   
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