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Sin duda, este año ha sido muy importante para la distribución de cine hecho por mujeres, pues la mayoría de las propuestas abordan contranarrativas de la violencia, del cuerpo y de los mitos, principalmente. No obstante, es necesario cuestionar constantemente las formas estructurales de creación del séptimo arte.

Luna Marán, cineasta zapoteca, resalta la necesidad de generar horizontalidad en las producciones cinematográficas para reconfigurar las desigualdades que se viven en el set. Esta realidad incómoda nos puede ayudar a pensar de qué forma se ha creado el cine y valorar si su estructura debería permanecer intacta. En una entrevista, Marán afirma: “lo problemático del cine tradicional, el industrial, es que es vertical y conlleva muchas violencias, laborales, económicas, de género. Es igual a cualquier industria que busca la explotación de muchos para la concentración de los recursos en muy pocas personas. Al final el cine es una industria más y utiliza todos los mecanismos de explotación tradicionales. Cuando se privilegia la concentración de la riqueza, a fuerzas se termina explotando el cuerpo de las personas, los recursos, los territorios”. 

Ante la problemática que plantea, Marán sugiere trascender los saberes y prácticas de la asamblea comunitaria en la creación cinematográfica, para que los proyectos se enriquezcan con una rotación de roles y de recursos de forma equitativa. Afirma que Koo (2021) de Nicolás Rojas, su última producción, es cine comunitario y el resultado de esas otras formas de hacer una película.

 

Cine de ficción

Por otro lado, mientras se desarrolla el proceso de diálogo y reconfiguración que plantea el cine comunitario, es importante resaltar que este año, la distribución comercial ayudó a que el trabajo de distintas cineastas se difundiera más allá de salas con público, aunque fiel, reducido. Los ejemplos más evidentes y multi premiados son tres películas que viajaron por festivales como San Sebastián, Sundance, Venecia y Cannes.

Las películas en cuestión son Sin señas particulares, Noche de fuego y Selva trágica, las tres realizadas por cineastas mexicanas egresadas del Centro de Capacitación Cinematográfica. Las tres historias privilegian la perspectiva de personajes femeninos que se enfrentan a situaciones de peligro latente para salvar sus vidas o en la búsqueda de alguien.

Sin señas particulares (2020)

Esta película de Fernanda Valadez nos lleva de cerca a conocer el recorrido de una madre mientras busca a su hijo desaparecido en la frontera mientras intentaba cruzar a Estados Unidos. Aunado a un par de historias paralelas, el relato protagonizado por Mercedes Hernández nos muestra una narrativa que poco cede a la representación convencional de la violencia y deja ver las estructuras de ésta.

Noche de Fuego (2021)

Situada en medio de la violencia provocada por el Narcoestado, la primera cinta de ficción de Tatiana Huezo, es la adaptación de la novela Prayers for the stolen de Jennifer Clement. La historia nos ubica desde la perspectiva de tres amigas que han desarrollado formas amorosas y empáticas de supervivencia, nos plantea la amistad como una conexión más allá de lo físico y como una prioridad que ayuda a forjar nuestra sensibilidad. 

La cinta está nominada al Oscar como mejor película extranjera y se exhibió por primera vez en el Festival de Cannes de este año. Actualmente está disponible en el catálogo de Netflix.

Selva trágica (2020)

La adaptación del mito maya de la Xtabay a manos de Yulene Olaizola, nos adentra al corazón de la selva para vivir el relato desde la sensorialidad, evidenciando su condición de lugar como un protagonista que no cede su condición salvaje y mística ante lxs humanxs. La historia nos deja claro que, a pesar de la cordura de las personas o sus planes terrenales, la selva y su misticismo no ceden fácilmente.

La película estuvo nominada en la sección Orizzonti de la Bienale de Venecia, actualmente está disponible en Netflix.

Cine de no ficción

Natalia Almada, incursiona en el cine documental con Usuarios (2021), una película de no ficción que explora la reconfiguración de las formas de habitar el mundo mediante los avances tecnológicos. Su filme contribuye al análisis que podríamos plantear sobre el tiempo y el espacio, por ejemplo, la pandemia nos puso de frente la posibilidad de relacionarnos a distancia. Entre muchos otros temas, el eje rector resulta la reflexión íntima con su hijo pequeño, pues se cuestiona constantemente las carencias y oportunidades de su futuro.

 Lo gratificante del filme resulta en que no sataniza en ningún momento la tecnología ni la alaba de forma explícita o trivializada, sino más bien nos introduce a la capacidad de asombro y a distintos orígenes que podemos dar por hecho, o de los que no nos interesaos en lo absoluto. El documental fue parte de la gira Ambulante 2021.

Otro documental imprescindible que fue distribuido y exhibido por distintos medios este año, es La vocera (2020) de Luciana Kaplan, que nos acerca a la vida de Marichuy (María de Jesús Patricio Martínez), la primera mujer indígena a aspirar a la presidencia de la república. Marichuy es la vocera de distintos caracoles zapatistas y de la lucha indígena por Abya Yala, territorio que ha sido víctima del terrible extractivismo por parte de la industria privada, del gobierno y del Narcoestado.

El documental puede verse en la plataforma de streaming, Netflix.

Es muy emocionante saber que cada día más mujeres habitan y reconfiguran los espacios históricamente habitados y validados por varones. Esta recopilación no es una cuota de género ni alguna condescendencia al trabajo de estas mujeres, al contrario, es un espacio de visibilización de la obra de creadoras cinematográficas que va en auge y cuyas narrativas nos atraviesan y representan de distintas formas.

   
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