2
Shares
Pinterest Google+

Los ojos infantiles como espejo de una perpetua violencia

Lo que se gestó como una obra dirigida a un olvidado pueblo costero chiapaneco a cuyos habitantes les había sido vedado el disfrute del arte teatral, se convirtió en un fenómeno que cruzó las fronteras chiapanecas y se ganó un lugar en la Muestra Nacional de Teatro 2017. Ahora, en el marco de 68º aniversario del Teatro La Capilla, Casquito refrenda su éxito al ser una de las obras elegidas para unirse a esta insigne celebración.

Escrita, dirigida y actuada por Joan Alexis Robles, Casquito muestra la cotidianeidad del pueblo pesquero Cabeza de Toro, perteneciente al municipio de Tonalá, Chiapas, a través de los ojos de un niño cuya inocencia se ve contaminada por la nula educación que padece la localidad y el machismo que impera en la misma. Casquito es el tercer de los siete hijos de Ana y Casco, una familia disfuncional que cambia de religión como de pareja sexual a la menor provocación.

Los ojos de Casquito son testigos de los continuos eventos sexuales que su padre mantiene con las mujeres de la localidad y allende, así como del castigo que el mismo hombre hace padecer a los clérigos que osan mancillar las leyes divinas al fornicar con su esposa Ana. Esta cotidianidad que respira Casquito será el ideal que busque alcanzar “cuando sea grande”, con lo que el machismo y la violencia latente en Cabeza de Toro asegura su perpetuación.

Es notable la manera en que Joan Alexis Robles expía su dolor trasladándolo a la inocencia de unos niños cuyas alas son cortadas desde su nacimiento por unas fronteras impuestas por el analfabetismo, el machismo, la violencia y el conformismo, única herencia que tienen asegurada los vástagos de la localidad. La historia de Casquito será replicada por su amada “M” y uno de sus amigos de la infancia que atestiguaron la rápida transformación del protagonista de la obra en un hombre digno de la localidad en la que nació.

Bajo el techo de una escenografía austera, como Cabeza de Toro per se, los personajes de la obra (todos interpretados por Joan Alexis) narran los sucesos que marcaron la metamorfosis de Casquito y, con una tierna inocencia, tocan fibras dolorosas que evidencian la podredumbre del lugar en el que se desarrolla su infancia. La normalización de problemáticas fuertes como la pederastia, el asesinato, el machismo, la falta de educación, la pobreza y la vejación de la mujer, se presenta en los labios de unos niños que narran lo que ven sin saber que están destinados a ser víctimas y victimarios de estos problemas.

La escenografía se omite para enfocarse en la historia de los personajes. En sus vivencias, sus dolores, sus sueños y su predecible destino. Un velo transparente que custodia a un cansado columpio funge como refugio y guarida de una niña abusada sexualmente por los borrachos de la localidad. Ese velo protege a una niña cuya madre le hereda, a la fuerza, su oficio y la condena a comercializar su piel para ser parte de la comunidad.

Situaciones como las narradas en el párrafo anterior son evidenciadas por Joan Alexis Robles en esta obra que utiliza el humor y la inocencia inherente a la infancia para hacer una crítica puntual de los problemas que padece no sólo la localidad que lo vio nacer, sino un México que ha decidido vendar sus ojos y obviar el cáncer que lo invade.

La obra se diluye a un ritmo trepidante por los múltiples cambios de voces que tiene la obra sin que el eje rector de la misma se rompa. Cada palabra, cada movimiento y cada recuerdo que emana de los castos labios de sus personajes, llevan una carga simbólica predefinida por la perpetua violencia latente en Cabeza de Toro. Los vicios que perpetúan los habitantes de la localidad serán los propios verdugos que se presentarán en un clímax potente.

Casquito es una obra cuyo humor y perfecto manejo del punto de vista infantil anestesian al espectador que es acribillado con una ola de problemáticas sociales de los que seguramente es testigo. Esta obra nació en Cabeza de Toro, pero está destinada a recorrer el país y cuestionar qué estamos haciendo como sociedad con nuestros niños. 

   
Artículo Anterior

TRES DÉCADAS SIN EL GENIO

Artículo Siguiente

Andy Zuno. Mátame, su nuevo sencillo

No hay comentarios

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *