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A menudo el término contemporáneo se utiliza de forma indistinta en contextos como el arte, la historia, la moda, la música y el teatro. Sin embargo, en cada espacio esta palabra toma un significado particular. A lo largo del andar de la humanidad, el agruparse con personas cuya forma de pensar o actuar coincide con el de uno ha sido un factor importante para dar paso a bandas, equipos y movimientos memorables. Uno de estos fueron Los Contemporáneos, un grupo juvenil cuyo trabajo influyó de manera relevante el arte mexicano de la primera mitad del siglo XX.

Aunque no existió un manifiesto generacional o grupal, sus textos publicados en la revista Contemporáneos tenían una tendencia particular: renovar la literatura mexicana. Dentro de sus participantes se encuentran nombres importantes de este campo como Antonieta Rivas Mercado, Xavier Villaurrutia, Jaime Torres Bodet, José Gorostiza y, desde luego, Salvador Novo. La personalidad de este poeta lo ha hecho uno de los escritores más estudiados desde su muerte que este enero cumpliría su aniversario luctuoso número 48.

Además de su sobresaliente poesía y prosa, destacó como gente de teatro desde distintos frentes: en la dramaturgia, la crítica, la historia y hasta fundó el Teatro Ulises, considerado el primer teatro moderno en México. Sumado a esto, en 1941 fundó el proyecto cultural La Capilla, el cual consistió en rescatar la antigua capilla como teatro con bar y restaurante adjunto. Actualmente, este teatro es uno de los más queridos y emblemáticos de Coyoacán y de la Ciudad de México.

Por otra parte, Novo publicó 20 libros como poeta los cuales eran considerados como provocadores y ácidos. Para la época, esta acidez no venía solamente de su poesía, sino también de su propia esencia y personalidad ya que se asumió abiertamente homosexual; situación que incomodó a distintas personas y figuras de la época. Sin embargo, un gran número de artistas lo consideran un personaje cuyo ejercicio de la libertad marcó un precedente para que figuras futuras pudieran existir con su identidad y no en conflicto con ella.

Junto a su profesión como artista y docente, se adentró en el mundo de la política al participar en la fundación del Partido Popular Socialista. De cualquier forma, su expresión la llevó fundamentalmente a través del arte y el periodismo, por lo que incursionó también en el idioma inglés con sus textos Seamen Rhymes, cuya versión en español sería Rimas del lobo de mar. Para 1946 su obra Nueva grandeza mexicana vio la luz y, la cual, en conjunto con otros de sus trabajos más importantes, le otorgaron el título de Cronista de la Ciudad de México en 1965.

Por estas razones hoy, con uno de sus poemas, recordamos a Salvador Novo cuyo legado es tangible no solo en el sur de la ciudad, sino también a través de sus rimas, sus diálogos y la gente que lo reconoce como emblema de lo contemporáneo y de la libertad.

MI VIDA ES COMO UN LAGO

Mi vida es como un lago taciturno.
Si una nube lejana me saluda,
si hay un ave que canta, si una muda
y recóndita brisa
inmola el desaliento de las rosas,
si hay un rubor de sangre en la imprecisa
hora crepuscular,
yo me conturbo y tiendo mi sonrisa.

¡Mi vida es como un lago taciturno!
Yo he sabido formar, gota por gota,
mi fondo azul de ver el Universo.

Cada nuevo rumor me dio su nota,
cada matiz diverso

me dio su ritmo y me enseñó su verso.
Mi vida es como un lago taciturno….

   
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