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Al hablar de arte, es necesario hablar de interseccionalidad, es decir, tener en cuenta que nuestra opresión de género está acompañada de otras tantas como clase, raza, orientación sexual, por mencionar algunas. De la interseccionalidad dependen nuestras posibilidades de creación y la forma en que habitamos las artes. Para las mujeres diversas ha sido imprescindible expresar y crear desde sus posibilidades, aunque sus creaciones no estuviesen validadas por los parámetros artísticos convencionales, por ejemplo, prácticas como el bordado, el performance, intervenciones y otras tantas.


No obstante, hay algunas que se han abierto camino en las artes convencionales, ya sea por lucha constante, por talento innegable o por algún tipo de privilegio, y es necesario reconocer que, a contracorriente, la mayoría de sus narrativas deja ver una notable mirada desde el cuerpo y experiencia de las mujeres.

Cualquier camino es válido, pero debemos entender los contextos y las luchas para que no dejemos que algún curador en el inconsciente nos condicione y valide el arte que “consumimos” o habitamos. Por lo tanto, a continuación, haré un contraste entre dos situaciones actuales con el único fin de entender y abrir conversación/reflexión sobre las formas de hacer arte desde la diversidad.

  • Directoras mexicanas en la Berlinale 2022

La más reciente edición del Festival Internacional de Cine de Berlín sorprendió por la presencia de un gran número de directoras, de hecho, la ganadora del Oso de oro (la presea más codiciada) fue la directora catalana Carla Simón, con su segundo largometraje, Alcarràs, que aborda temas muy íntimos y familiares. Por otro lado, Claire Denis ganó el Oso de Plata a mejor directora, y no es novedad, pues de igual manera fue pionera en sus rumbos.

Dentro del festival cuatro directoras mexicanas estrenaron sus películas, tres de ellas en mera exhibición en distintas secciones y una de ellas en competencia oficial. Alejandra Márquez Abella con El norte sobre el vacío, estrenó en la sección panorama, por otro lado, Claudia Sainte-Luce estrenó El reino de Dios en la sección Generation, Cris Gris estrenó Alma y paz, y finalmente Natalia López Gallardo estrenó Manto de gemas en la selección oficial del festival y obtuvo el Oso de plata, premio del jurado.

Alma y paz y El reino de Dios, abordan el dolor desde la perspectiva infantil. La película de Cris Gris explora el vínculo entre una niña y su madre muerta, y la película de Sainte-Luce explora la vivencia de un niño que tiene toda su fe en la religión ante la adversidad de su realidad cotidiana.

Las narrativas de las cuatro películas abordan narrativas profundamente íntimas y dolientes de alguna manera. Manto de gemas y El norte sobre el vacío, se centran en abordar la violencia exacerbada del país, la primera desde la perspectiva de no comunidad y la otra desde el abordaje de la masculinidad tóxica.

Resulta un logro que estás cuatro narrativas latinoamericanas hayan permeado las filas de festivales que históricamente han hecho un borrado del cine hecho por mujeres, aunque bueno, la Berlinale ha sido el más “inclusivo”, desde que en 1977, Larisa Sheptiko, abrió camino para las mujeres en esos tiempos aún más hegemónicos.

Cabe mencionar que las cuatro directoras hicieron sus películas a través de esfuerzos independientes, sin ninguna productora que les soplara y les presionara por desviar la narrativa a algún lugar más conveniente.

  • Mutua red: artivismo

Es un proyecto y plataforma de experimentación artística y pedagógica en línea. Conjuga los saberes feministas con las prácticas digitales. Cada año ofrecen dos Programas en donde se brinda formación multidisciplinar para incidir en las artes feministas. Entre las fundadoras y organizadoras están: Mónica Mayer, Cerrucha, Lorena Wolffer y muchas más artivistas.

En palabras de Cerrucha, el artivismo radica en habitar el borde del activismo y el arte, pues su labor no es “suficiente” para encajar en ninguna de las dos. Las artivistas creen profundamente en el arte como agente de cambio y de incidencia en las vivencias cotidianas de las mujeres.

Algunas piezas que han creado estás mujeres se han convertido en herramientas para nombrar y denunciar prácticas violentas/patriarcales, por ejemplo, en 1978 Mónica Mayer hizo un performance interactivo en el que diversas mujeres que asistieron debían colgar una denuncia de forma anónima en un “tendedero” de denuncias, y es aquí de donde nace esta herramienta de las que nos hemos reapropiado en los últimos años para hacer públicos los abusos violentos, principalmente de hombres con algún tipo de poder.

Mónica Mayer junto a su pieza

Por otro lado, Lorena Wolffer creó una pieza llamada Vivencias, en la que convoca a mujeres sobrevivientes de violencia doméstica a seleccionar un objeto con la que fueron agredidas por sus parejas y escribir un párrafo al respecto. La pieza conmovió profundamente a distintas mujeres que pudieron verse reflejadas y en otras tantas en las que pudo permear en ellas de forma preventiva.

Finalmente, Cerrucha, mediante el programa de Estado de emergencia, convocó a mujeres para realizar una llamada como si estuvieran hablando a la fiscalía, para expresar su sentir ante la nula capacidad de esta institución de ejercer justicia y reparación para lxs familiares de mujeres asesinadas o desaparecidas. Con las grabaciones que recolectó, surgió la idea de convertirlas en una canción de salsa llamada Azúcar rabiosa, misma que se bailó a forma de protesta y performance afuera de la fiscalía.

El arte feminista se ha caracterizado por apelar a la colectividad y crearse a partir de ahí. En las piezas no impera el nombre sobre la intención colectiva. La pionera Mónica Mayer hace énfasis que ser disidente y no regirse ante alguna disciplina artística ha sido complejo a la hora de nombrarse y explicarse ante el mundo, y afirma que en las últimas décadas del siglo pasado era aún más complejo porque como mujeres artistas, de entrada, no tenemos nada en común más que el sexismo que nos recibe afuera en exposiciones, en obra más barata…

  • Incidencias

Las practicas artísticas siempre han sido parte del cambio y la evolución de la sociedad, y resulta enriquecedor el abanico de posibilidades con las que se puede efectuar. Por un lado, las mujeres artivistas apuestan por las calles y la incidencia de las mujeres de forma directa y horizontal en sus obras.
Por otro lado, las narrativas cinematográficas abonan al cambio y apuestan por contar aquello que podría parecer banal o insignificante de explorar, no obstante, la distribución resulta un obstáculo enorme para que las películas trasciendan públicos de la Cineteca, la Ciudad de México o de festivales solemnes.
Según la historia convencional, las narrativas artísticas han apuntado a modelos y corrientes de aquellos genios del arte. Si googleamos a distintxs exponentes de alguna práctica artística siempre, siempre, salen los mismos hombres, y casi como un error, a veces en esas historizaciones, sale a colación alguna mujer despistada o “adelantada a su tiempo”.


Afortunadamente siempre habrá archivos disidentes en donde se sepa que las mujeres han sido parte de la historia del arte a pesar de su borrado masivo. Celebro y admiro a todas las mujeres que han transformado al mundo desde esta trinchera y desde cualquier soporte artístico, pues han demostrado que el arte no es un lujo, sino una necesidad.

   
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