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Ayer por la noche Shakira Mebarak se presentó en el Estadio Azteca, ahí se jugó el duelo para ganar el corazón de los mexicanos. Las expectativas para la mayoría eran altas, su éxito a lo largo del globo terráqueo y los múltiples récords a nivel mundial la privilegian para posicionarse entre los mejores conciertos de este 2018. ¿Lo logró? Sigan leyendo para descubrirlo.

Cerca de las 10 de la noche, tras una tormenta y el martirio para llegar al coloso de Santa Ursula, Shakira anunció su salida a la cancha ‘Estoy aquí’ del álbum Pies descalzos sonó. Ni un minuto había pasado y la pirotecnia ya causaba aún más furor. El punto fue para la cantautora que no dudó en iniciar a lo grande. En tan pocos minutos ya se podía esperar un súper espectáculo.

Poco después apareció Shakira sentada y encadenada; aunque obvia la parafernalia para ‘Loba’, resultó funcional. El marcador se mantuvo igual. Hasta que sacó su peor faceta, esa que tanto temía que dominara la noche: la del reggeaton. Una mezcla entre ‘Perro fiel’ y ‘Él perdón’ me recordaron que la latina sacrificó calidad por popularidad. Punto para los detractores.

Durante ‘Me enamoré’ el marcador dio la vuelta en contra de la colombiana cuando su producción dejó mucho que desear, su carta “más creativa” convirtió las pantallas en un vulgar karaoke, poco faltó para que usaran comic sans como tipografía. Poco ingenioso y repetitivo resultó ser su acompañamiento audiovisual. Amateur, de pésimo gusto, como lo quieran llamar pero, además es un error imperdonable para una artista de su tamaño.

Foto: Shakira

Ante un 2-1 Shakira nuevamente recurrió a sus inicios, ‘Inevitable’. Quizá sabía que ante cualquier emergencia, los temas de antaño -los mejores para mí- generarían gran emoción, porque nos remiten a otras épocas o porque en aquel entonces sus canciones gozaban de mayor profundidad.

“Si es cuestión de confesar…” éste fue el momento favorito de muchos (era evidente). Con guitarra en mano y con escaso juego de luces, nos recordó que ella es 1.57 mts de talento, que el pop puede sonar a rock y que sin explotar el factor sexual ella puede cautivar al público tan sólo con su voz. Aunque el cielo estaba cansado ya de ver la lluvia caer, el público aguantó con éste, que fue el golazo de la noche.

Casi de inmediato, con la fidelidad a sus raíces Shakira recuperó la ventaja. Una animación sobre la mitología chibcha se vió en las pantalla para dar paso a un segundo momento del concierto. Uno donde Shakira vistió un bedlah en negros y dorados para dar prueba de otra más de sus virtudes: el baile. El primer tiempo terminó y la cantante se fue a vestidores con ventaja.

Decidida a irse con la victoria, la pareja de Piqué arrancó el segundo tiempo. “Te regalo mi cintura… y mis labios para cuando quieras besar”. Con ‘Tú’ logró un gran tiro, pero no logró anotar; una versión corta de la canción no permitió que la disfrutáramos, nos cortó la inspiración al cambiar el ritmo a su nuevo sencillo ‘Amarillo´. De ahí, ya no hubo sorpresas. El setlist siguió de un éxito a otro, ‘Tortura’, ‘Antología, ‘Bicicleta’ ‘Waka waka’ y más.

De pronto, en un abrir y cerrar de ojos los detractores anotaron tres goles de corrido en ‘Hips Don’t Lie’. De  entrada, Shakira sacó el peor de los vestuarios en la historia. Como si el animal print no fuera lo suficientemente vulgar, lo tiñó de rosa y aunque pudimos pasar desapercibido el “detalle”, fue el detonante para sacar a relucir los errores de toda la noche.

Vestuario, audio y producción, además de cuestionar la entrega de la cantante; sí, tres goles de un jalón que se sintieron como diez. Más allá de si el Azteca goza de buena o mala acústica, no había una ecualización, no se entendía a la cantante cuando le habló al público. Impuso en sus pantallas el hashtag #ShakiraDF, vaya golpe para los capitalinos. (A lo mejor fue tan sólo un toque noventero).

Foto: Shakira

La molestia trascendió con su setlist desarticulado. Brincó de un tema a otro, de lo melancólico al reggaeton. La selección de temas parecía aleatoria. Sin narrativa ni lógica que diera orden a sus interpretaciones. No hizo recorrido de su carrera ni dividió por bloques rítmicos. No dio oportunidad de que su público desgarrara la voz y se acabara los pulmones con los temas más llegadores; tampoco les dio tiempo de estallar de emoción en una ronda de lo más movido… frustrante.

A estas alturas recordar el marcador ya es demasiado, la ventaja para los detractores fue clara. Ella lo supo, y a los 90 minutos se despidió. La audiencia, quien por cierto se llevó la noche, porque se mantuvo siempre respetuosa, sin sobresaltos, -cosa que pocas veces he visto- salió del estadio decepcionada, todos esperábamos más de la colombiana, por lo menos una media hora más de su tiempo. Pero no importa, al menos fui testigo de ello y me queda el consuelo de todo lo que el cierre del 2018 nos tiene preparado.

FOTO: AFP
   
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