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Cuando la función comienza vemos a la protagonista sentada en un sillón un gran respaldo, ella nos advierte del trágico día que está por vivir y lo complicado que será el camino de su casa al hospital. Al llegar a su destino terminará la vida de su madre quien espera en una habitación para despedirse y morir. Así que hará que el trayecto —que conoce de memoria, por las visitas que ha tenido que hacer— sea tan largo como este en sus manos, aunque eso también signifique pasar menos tiempo con la persona que le ha dio vida en más de una ocasión. 

En esta ocasión es Nuria Blanco la encargada de dar vida al personaje de este unipersonal, ella vive en un mundo donde los hombres la han lastimado de todas las maneras posibles, desde la ausencia de su padre en la infancia, hasta la traición de quien fuera su gran cómplice en la vida. Cada una de las decepciones que sufre se han convertido en una capa más para el personaje quién desarrolla una personalidad ruda y de esta forma se protege de las agresiones. 

Durante cada escena el efecto dominó va cobrando sentido, podemos ver cómo es que ella comienza a tener un deseo por ser vista de la misma forma en que su padre ve a las mujeres —como objetos útiles para satisfacer su deseo—. Llevándola a poner un precio a su cuerpo, para poder demostrarse que tiene el mismo valor que la amante de su padre. Una conducta que la lleva a conocer antes de tiempo el poder que tiene con ella y aunque podría ser un elemento para empoderarla se convierte más bien en un castigo constante.

La compañía Los tristes tigres nos muestran en Visceral una persona que como lo dice el nombre se deja llevar por esa parte irracional, regresa a una parte del ser humano en que solo busca sobrevivir, así que poco importar actuar de una forma más pensada. Pero también podemos ver como logra conectar con su parte más vulnerable al recordar los sentimientos que tiene respecto a su madre, a quien cuida y demuestra su forma de amor más sincero. 

Durante la función que se presentó en el Foro Shakespeare y que también fue transmitida de manera virtual se puede percibir el dominio que tiene Nuria con el público controlando cada uno de los momentos para conseguir la risa en el momento adecuado y lograr el suspiro en el instante en que se debe de presentar. 

Adrián Vázquez nos muestra a través de esta puesta la reconciliación que tiene la protagonista con su pasado, la importancia de sanar las heridas para crear con ellas un camino mucho más tranquilo en el presente. Donde la personalidad puede seguir siendo la misma pero que ya no está impulsada desde el enojo. La metaficción que se desarrolla en este proyecto es un recurso que suma al entendimiento del personaje creando un personaje cuyo viaje es más significativo que el simple recorrido. 

Te invitamos a estar pendiente de las redes sociales de Los Tristes Tigres para que puedas ver Visceral. Pero también te recordamos que el próximo 3 de agosto se presentará Los días de Carlitos, otra de las obras que tiene Vázquez en su repertorio, con la que darán fin a esta corta temporada en el Foro Shakespeare donde pudimos disfrutar de Wenses y Lala y Visceral.

   
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