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Imaginen que se encuentran en la playa, frente a ustedes una alberca para calmar el calor, un delicioso brunch y nada de qué preocuparse.Tomen esa misma imagen con algunos giros: el calor es intenso, en el agua un mundo de gente y niños salpicando agua por doquier; por si fuera poco en el hotel ha habido una confusión, tu privacidad se verá interrumpida por una familia que no conoces con quien ahora tendrás que compartir habitación.

Si su descanso perfecto se convierte en un infierno, ¿cuánto tiempo pasaría antes de que perdieran la cordura?  Sebastián Hoffman nos retrata el lado oscuro de la tríada perfecta de sol-arena-mar, en su más reciente cinta: Tiempo compartido. A través de la mirada de Pedro (Luis Gerardo Méndez) y Andrés (Miguel Rodarte) conoceremos las consecuencias de la frustración y la inmadurez emocional.

Cortesía de PIANO

Por un lado, Pedro tendrá que compartir su villa con una familia cuya conducta le irrita de sobremanera. A la par, Andrés, un trabajador del hotel debe lidiar con el duelo de un hijo que perdió hace varios años. En una depresión contenida, se aferra a su esposa mientras ambos tratan de adaptarse a las nuevas políticas de Ever Fields International, cadena que compró el complejo y que ahora trata de vender falsas ilusiones de éxito y felicidad tanto a clientes como a trabajadores.

La cinta que vio la luz por primera vez en enero de este año durante el festival de cine de Sundance, logró llamar la atención de los mexicanos durante su primer fin de semana en nuestro país. Sin embargo, la opinión se ha dividido hasta polarizarse. Algunos la han alabado quizá en concordancia con las críticas recibidas durante el festival, así como en Rotten Tomatoes y en el International Film Festival Rotterdam, mientras que otros reclaman lagunas en la historia.

Cortesía de PIANO

Vayamos por partes. En su contra tiene un abuso innecesario de tomas y recursos que buscan desesperadamente crear tensión. La trama es predecible, aunque esto no necesariamente juega en su contra, choca con el ambiente de suspenso que se pretende crear. Pareciera que Hoffman se aferró a crear un thriller psicológico de un guión que emana dramatismo puro. El lenguaje audiovisual, entonces, se vuelve un tanto forzado y obvio.

Asimismo, el manejo de color recuerda a Xavier Dolan en Amores Imaginarios con un resultado menos afortunado aunque bien logrado. Aún así no podríamos aplaudir el resultado si pensamos en lo que el director logró con el lente en Eco de la montaña. Pero vaya, si bien estos párrafos pueden sonar severos, la realidad es que Tiempo compartido no termina de cuajar como una mala película. Al contrario, los puntos a su favor son más.

Cortesía de PIANO

Hay que reconocer que no se puede pasar por alto el gran trabajo actoral de Cassandra Ciangherotti y Andrés Almeida. También se agradece ver de nuevo a un Luis Gerardo Méndez lejos de “Javi Noble” y “Chava Iglesias”, para demostrar que es capaz de interpretar personajes como éste o Christopher Boone (El curioso incidente del perro a medianoche). Pero quien realmente se lleva las palmas con su histrionismo es Miguel Rodarte.

Otro de sus fuertes, es que por fin la taquilla encontró suficientes entradas para el cine nacional, uno que nos ofrece algo más que la cara de moda en una comedia de humor soso cuyo único ingenio radica en el recurso del albur. Si bien nuestro país tiene una producción por demás talentosa, no es secreto que los espacios para su difusión son escasos e incluso insuficientes. El impulso del que ha gozado Tiempo compartido también representa nuevas oportunidades para el cine que trabaja con nombres menos conocidos.

Cortesía de PIANO

Por último, la cinta nos lleva hacia realidades actuales como el duelo, la relación de pareja, el egoísmo o la infelicidad. A esa necesidad de llenar vacíos a toda costa, de remendar nuestros problemas aunque sea de manera temporal. Sin darnos cuenta, hay mucho de nosotros en la pantalla,es fácil reconocemos en Pedro, en Eva (Cassandra Ciangherotti), en Andrés y en Gloria (Montserrat Marañón). Quizá dentro de nosotros también habitan heridas que no son más que bombas de tiempo que necesitan ser desactivadas antes de que sea demasiado tarde.

   
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