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Para muchos, el cine representa la unión máxima de las artes. El cineasta consumado es aquel que logra sacar provecho a cada uno de los recursos que tiene disponibles: color, música, sonido, ambientación, edición, dramaturgia, luz, actuación y composición. 

Sin embargo, uno de los recursos más desarrollados e importantes ha sido descuidado por la atención popular hasta hace poco: la relación de aspecto (aspect ratio en inglés), que no es otra cosa que la proporción entre el ancho y la altura de la imagen visible en pantalla.

En sus inicios, la relación de aspecto del cine se vio regida por la funcionalidad y los espacios de los cinematógrafos y el celuloide de cuatro perforaciones, razón por la que durante sus primeros años, se manejó un estándar de aspecto 4:3, con sus debidas variaciones y experimentaciones. 

Esta relación se mantuvo hasta que dos grandes cambios obligaron a la industria a cambiar: la llegada del sonido y la llegada de la televisión. Con la aparición del entretenimiento visual en casa, los estudios entraron en pánico. Desplegaron todos los medios a su disposición y comenzó una nueva era del cine. 

Además de los efectos especiales, el brillante technicolor y las superestrellas en la pantalla, los productores pensaron que la mejor manera de competir con la televisión era la escala. De pronto fue imperante tener el formato más grande posible, algo que jamás podrías encontrar en casa. Lo que naturalmente llevó a una larga historia de prueba y error. 

Una de esas pruebas fue el Cinerama. Un sistema que utilizaba tres cámaras y tres proyectores para proyectar de manera envolvente. Como su descripción lo augura, su compleja implementación lo descartó en poco tiempo, pero gracias a ello surgieron una serie de lentes y celuloides que transformaron la industria, entre ellos el Cinemascope, Super Panavision 70 y Ultra Panavision 70. 

Esta desesperación resultó en la creación de superproducciones a color (historia para otro texto aparte) tales como Ben-Hur (1959. Dir. William Wyler), Los Diez Mandamientos (1956. Dir. Cecil B. DeMille) y Cleopatra (1963. Dir. Joseph J. Mankiewicz). 

Eventualmente, la industria se dio cuenta que estaba segura y comenzó a estabilizarse, aterrizando en un estándar de celuloide de 35 mm. y la relación de aspecto 21:9. 

Este texto no es el primer ni mayor recuento de la historia de la relación de aspecto, sin embargo, estamos viviendo una nueva resignificación del aspect ratio que no debe ser ignorada o subestimada. En los últimos años, cineastas han cuestionado una vez más los límites de la imagen en pantalla y cómo se puede utilizar en favor narrativo de la historia. 

El suceso que se podría señalar como el detonador de esta nueva etapa es El Caballero de la Noche (2008) de Christopher Nolan. Para su secuela, el británico quiso ir más grande en todos los sentidos humanamente posibles, por lo que recurrió a cámaras IMAX de 70 mm para secuencias especiales de acción. El formato IMAX sólo se había utilizado para documentales y fines académicos, por lo que ver Batman ir a toda velocidad contra el Guasón en este formato sacudió a las audiencias e inspiró a más cineastas.

Nolan continuó trabajando con el formato en Interestelar (2014), El Caballero de la Noche Asciende (2012), Dunkerque (2017) y Tenet (2020), pero nuevos realizadores elevaron las apuestas. James Cameron aturdió al público con su Avatar (2012) en salas IMAX 3D, y Joe y Anthony Russo se dieron cuenta que la conclusión de una historia de superhéroes contada por más de 10 años sólo podía ser contada con la primer película grabada totalmente en IMAX, Avengers: Infinity War (2018) – Avengers: Endgame (2019).

Después de esos estrambóticos ejemplos, es fundamental señalar a cintas más pequeñas como Historia de Fantasmas (2017. Dir. David Lowery) o El Faro (2019, Dir. Robert Eggers), las cuales utilizan la relación de aspecto como una herramienta para transmitir nociones cruciales en la historia y situar un contexto temporal. 

Aunque hayan cineastas como Michael Bay que utilizan los formatos de manera irresponsablemente errática, en este momento hay realizadores produciendo contenido que comienza nuevas conversaciones concernientes al aspecto de una producción.

Tan sólo en 2020, la esperada Liga de la Justicia de Zack Snyder desató polémica al estrenar en formato 4:3, pues el director prefirió respetar sus composiciones originales para IMAX, en lugar de escalar o “recortar” la imagen. Igualmente, la serie WandaVision (2021, Creador Jac Schaeffer) jugó incansablemente con los límites de la realidad y, por tanto, del aspect ratio, pues utilizó la relación de aspecto para contextualizar temporalmente sus series, así como para delimitar claramente entre la fantasía de Wanda y la “realidad” del Universo Cinematográfico de Marvel. 

Como realizadores y espectadores, le debemos a todos los desarrolladores pasados el apreciar todos los recursos audiovisuales existentes. Cada vez son más cineastas y showrunners que utilizan la relación de aspecto como una herramienta narrativa, más que como una restricción técnica, lo cual nos llevará inevitablemente a nuevos horizontes que aún no podemos ni imaginar.

   
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