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David Gilmour no deja de impresionar con su música, a pesar de que ésta obedece a un molde que le ha tomado años diseñar, parece que su creatividad como compositor no conoce límites. Su nueva evidencia, Rattle That Lock, nos muestra cómo es que aquél patrón logró ser modificado sin romperse, atrayendo al oyente con nuevos ritmos y nuevas sensaciones.

La stratocaster del ex miembro de Pink Floyd a lo largo de 51 minutos, provoca una serie de sentimientos que solo sus riffs, solos y distorsiones pueden lograr, acentuando las notas en los momentos exactos, extendiéndolas al máximo y haciéndolas pasar por un vocalista más.

La experiencia de Rattle That Lock te hace viajar por los paisajes sonoros al que nos tiene acostumbrados el músico y compositor británico. Como sucede en ‘5 A.M.’, ‘Beauty’, ‘A Boat Lies Waiting’ y ‘And Then’; canciones por las uno puede imaginarse volando tranquilamente atravesando miles de paisajes mientras el penetrante solo de guitarra reforzado con un delay relaja tu mente.

Así como el disco es altamente reconfortante, la segunda pista, que lleva el título del álbum, es un derroche de energía con cada percusión; una liberación de fuerza con cada nota de los solos de Gilmour; una sacudida de potencia y ritmo con el bajeo de Yaron Stavi; y un canto de efusividad con las voces. La letra, escrita por su esposa, Polly Samson, hace justicia a la música, ya que es una invitación al desborde de pasión que estalla y se escapa como las aves blancas de la portada.

No obstante, la felicidad pasa a ser un camino reflexivo, llenos de recuerdos oscurantistas, donde las pistas llegan a tener samples llamativos como en ‘Faces Of Stone’; en dichos momentos, la guitarra de Gilmour llora desgarradoramente estirando las cuerdas al máximo, también se torna agresiva como en el riff de ‘Dance Right In Front Of Me’, y la voz del ex vocalista de Pink Floyd es envolvente, hipnotizante, como nunca lo ha dejado de ser.

Las novedades más marcadas son la presencia del piano, no del eléctrico que interpreta Jon Carin y es fundamental para el estilo de David, sino de uno acústico interpretado por Roger Eno, Gabriel Gilmour y Jools Holland, éste último que tocaría la pieza más particular.

Un piano a ritmo de jazz, un solo de saxofón ejecutado al final por Colin Stenson, el canto melancólico de Gilmour que cuenta una historia escrita por Polly; son los elementos utilizados para retratar un cuento que introduce a un ambiente de cabaret por la noche, donde los choques de vasos, el humo de los cigarros, la barra de madera finamente tallada y la banda tocando en un rincón son parte de la recreación mental que ‘The Girl In The Yellow Dress’ nos invita a imaginar.

El viaje a través de Rattle That Lock, llevado bajo la producción de Phil Manzanera y el mismo David Gilmour, es una evidencia de que el guitarrista de 71 años transpira estrenocreatividad por sus dedos e inteligencia por la mente, un binomio perfecto, ya que más allá de expresar sentimientos, nos produce un acompañamiento visual, buscando la innovación musical, en mi opinión, siempre obteniendo éxito.

   
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