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Caminar en línea recta. ¿Es la forma más rápida, directa y fácil de llegar a un punto? Parkour, de Eduardo Pavez Goye, explora el concepto de la confrontación y la cobardía a través de la historia de un trabajador de una empresa de aerolíneas que, tumbado en el sillón de casa, debe combatir la apatía y falta de motivación que se esconden a la distancia del día a día. 

Foto: Itzel Noguez

La puesta en escena se carga de ironía y comedia negra para suavizar la crudeza de su premisa: no hay felices para siempre. Los seres humanos solemos ser nuestros propios obstáculos, los que complicamos todo, los que damos rodeos para evitar confrontar nuestros miedos. Son pocos los que entienden el arte del Parkour. 

Mientras nuestro protagonista ve por la ventana a un par de jóvenes practicando la disciplina, se cuestiona la capacidad social para superar obstáculos, para seguir sin detenerse, para ir en línea recta. Un trago de alcohol tras otro, desalineado, con una bata cubriendo su ropa interior, nos recuerda al gran “The Dude”, pero el trabajo interpretativo de Hamlet Ramírez logra transformar el dolor de su personaje en tonos sombríos.

Foto: Itzel Noguez

Poco a poco se va develando al personaje, que va del cliché a lo compresible. De lo mediocre que puede ser un hombre, al más vulnerable de los ciervos. Alguien que busca mecanismos de defensa frente a un pesar que lo está consumiendo. Cada situación es crucial: su aburrido trabajo, el éxito y felicidad de sus compañeros de clase, el alcohol, la indiferencia de la sociedad, el día, la noche, todo… su alma es una masa amorfa que sólo recibe golpes. 

Si bien la trama puede parecer abrumadora, Parkour no gasta ni un minuto en discursos moralinos. El director, Ricardo Rodríguez, imprimió el dinamismo necesario para hacer de la obra un producto que, sin darnos cuenta, nos deja sobre la mesa su reflexión. No golpea con sentimentalismos, ni juega con la idea de que “todos hemos estado en esa situación”. 

Foto: Itzel Noguez

El público es testigo, un testigo cercano, es el amigo de este hombre y nos volvemos el hombro en el que se desahoga. Para enfatizar esta cercanía que nos hace sentir compasión, la disposición escénica marca una distancia espacial con el personaje central, pese a que el recinto es pequeño e íntimo, se traza una lejanía que poco a poco, conforme avanza la trama se va esfumando. 

El diseño sonoro y el recurso audiovisual también destacan como elementos que dotan de cierta vertiginosidad a la obra. Al mismo tiempo son el puente entre la ficción y lo humano de esta historia, en un mundo con millones de personas, es seguro que más de uno haya compartido este sentimiento con el protagonista. ¿Salir de la zona de confort o agarrar al toro por los cuernos?

Foto: Itzel Noguez

Bajo la producción de Foro Shakespeare, Parkour es, sin duda, una obra que no quieren perderse, la propuesta sintetiza la agilidad de un montaje, la inteligencia de su dramaturgia y la gran interpretación de Hamlet Ramírez. ¿Ya tienen sus boletos?

  • Parkour
  • Dramaturgia: Eduardo Pavez Goye
  • Dirección: Ricardo Rodríguez
  • Elenco: Hamlet Ramírez
   
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