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El teatro como expresión artística, es una experiencia de confrontación y combate. Para mí, la lucha al presenciar Lo que se ve desde el cielo fue ardua.

La obra, dirigida por Sebastián Sánchez Amunátegui y escrita por Kerim Martínez, relata la historia Bernardo y Andrés, dos hombres que acaban de asistir al funeral de su hermano y que toman un respiro -literal-, en el jardín del hogar que los vio crecer.

Lo que se ve desde el cielo. Bogart Magazine

Durante poco más de una hora, Kerim Martínez -el hermano mayor- y Martín Saracho -su hermano menor-, recrean todas y cada una de las fragilidades masculinas a través de diálogos puntiagudos, de gestos tenues y de movimientos casi nulos. Andrés, el menor de los hermanos, es todo aquello que nos da terror conseguir, es la inseguridad de no poder hacer, de no poder ser, de no merecer… Bernardo, el mayor, representa todo lo que se consiguió pero que no se pudo conservar, es la frustración, la mediocridad, la terrible pesadez de no ser lo suficientemente hombre para terminar de crecer.

El abanico de terrores es matizado por historias divertidas de la infancia, relatos conmovedores que ayudan a mermar la terrible ansiedad y vergüenza. Martínez junto a Saracho deslumbran en su interpretación; por una parte mostrando una tremenda complicidad, por otra, alzando una muralla entre ellos, construida con miradas desviadas, con bromas, con insultos, con todo tipo de gestos que los ayudan a no confrontar, a no acercarse.

Lo que se ve desde el cielo. Bogart Magazine

La escenografía -mínima pero exacta-, es enaltecida por diálogos que recrean imágenes mentales, muy pronto, empiezas a imaginar los arbustos, las hojas secas, el árbol donde la infancia de los tres hermanos comenzó y terminó.

A Lo que se ve desde el cielo no le sobra ni le falta nada, su puesta en escena posee precisión quirúrgica, todos los elementos habitan con un propósito, nada es vacuo; todo hiere de forma profunda y duradera.

A mis 33 años, me encuentro en medio de Bernardo y Andrés, arrepentido de lo que no conseguí, asustado por lo que no podré tener y avergonzado de lo que soy. De alguna forma soy el hermano que no está, el hermano que murió, sentado ahí sin poder intervenir, sin poder gritarle a esos dos que solo necesitan abrazarse…

Lo que se ve desde el cielo. Bogart Magazine

Tuve mucho miedo al ver Lo que se ve desde el cielo, el miedo que sientes cuando te enfrentan a la realidad, cuando tu vida de repente, pasa ante tus ojos sin filtros y sin máscaras, así es el verdadero arte.

No se pierdan las últimas funciones de Lo que se ve desde el cielo en Café K-OZ, el martes en punto de las 8:30 pm, en la calle de Séneca en Polanco.

Cuando la última luz se haya apagado, no se arrepentirán.

   
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