0
Shares
Pinterest Google+

En una sociedad donde la indiferencia es la enfermedad, el arte tiene la obligación de generar un antídoto. Mi hijo sólo camina un poco más lento enfoca su discurso en una de las tareas más inherentes pero a la vez más olvidadas de la humanidad: reconocer y entender al “otro”.

La obra se desarrolla en la celebración del cumpleaños 25 de Branko, un joven que ha dejado de caminar debido a una enfermedad. Su familia y amigos lo acompañan en una fiesta que, a manera de catarsis, dejará ver la apatía con la que vemos pasar la vida, esta enfermiza forma de ser que nos ciega ante el dolor y tristeza de los que nos rodean.

Foto de Yasser Blancas

La obra del director Diego del Río esquiva grandes obstáculos para mostrarnos su alma. En primer lugar, está la complejidad de manejar un reparto coral y dar un peso dramático bien equilibrado a cada uno de los miembros del elenco, en la actualidad, es difícil encontrar una obra que presente a tantos actores a la vez en escena (cabe destacar que ningún personaje, incluso cuando no está participando de la historia, abandona el escenario). Esta saturación podría resultar cansina para la retina y mente del espectador, sin embargo, del Río logra dosificar a la perfección el argumento para que cada personaje tenga un peso propio y específico en la narrativa.

Argumentalmente la obra podría resultar densa y confusa por la cantidad de historias que se presentan, pero es el personaje de la madre de Branko (excelente Montserrat Marañón), la que logra dar cohesión a la historia. A partir de su compleja actuación (mezcla de ansiedad, frustración y amor), todas las líneas argumentales se conectan para darle fluidez, ritmo y coherencia a una narración que podría ser complicada pero poco a poco se vuelve natural.

Foto de Yasser Blancas

Otro punto vital dentro de la obra es la dramaturgia. No cabe duda que el texto del croata Ivor Martinic evoca a una sociedad europea fría. Las miradas perdidas, las sonrisas quebradas, la falta de calidez en la interacción y la incomodidad para mostrar amor, hacen eco a un país alejado de la cultura latinoamericana, a pesar de esto, la adaptación consigue trasladar la historia a la realidad nacional y logra que las heridas de los personajes se vuelvan universales.

Mi hijo solo camina un poco más lento se vuelve fuerte a cada paso que da, una historia que avanza a su ritmo, sin condicionamientos, sin restricciones emotivas ni misericordias “sentimentaloides”. Al salir de la obra un sentimiento extraño recorre el cuerpo, es una mezcla entre hastío a la sociedad y ganas de reencontrarte con las personas, de alguna forma rara, la obra te regresa la esperanza en la humanidad y lo hace mostrándote sus miserias más arraigadas.

Foto de Yasser Blancas

Dentro de la cartelera teatral, Mi hijo solo camina un poco más lento es una anomalía, una obra que es formidable no gracias a su naturaleza, sino a pesar de ella.

  • La Teatrería
  • Drama
  • Del 5 de marzo al 7 de mayo de 2019.
  • Dramaturgia: Ivor Martinic.
  • Dirección: Diego del Río.
  • Elenco: Montserrat Marañón, Concepción Márquez, Pedro Mira, Anahí Allue, Kaveh Parmas, Rubén Cristiany, *Ana González Bello, Jerry Velázquez, Aída Del Rio, Rodolfo Zarco, Lourdes Del Río y *Angélica Bauter. (*alternando funciones)
   
Artículo Anterior

Un Retrato de Familia

Artículo Siguiente

EL INCREÍBLE CASTILLO VAGABUNDO

No hay comentarios

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *