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La memoria es un bien que con el paso de los años se vuelve invaluable. A través de ella se puede viajar a cualquier etapa de la vida, regresar a los lugares amados, degustar los sabores olvidados, hidratarse con las lágrimas del pasado y, sobre todo, conocerte, evaluarte, aceptarte. Paula Zelaya Cervantes y Diego del Río exponen lo anterior de una manera entrañable, honesta, crítica y encantadora en su obra Memoria que se presenta en la Sala Héctor Mendoza de la Compañía Nacional de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura.

Foto: José Luis Gutiérrez

Esta obra prescinde de un guion lineal ajustado al común denominador teatral, para construirse, libremente, con base en los recuerdos y experiencia de las actrices de número Martha Aura, Ana Ofelia Murguía y Adriana Roel, así como del actor de número Ricardo Blume. Todas las vivencias, frustraciones, anhelos, sueños, pesadillas, memorias e historias de estos icónicos actores de condensan en Memorias y permite que el público viaje a la génesis de los mencionados actores, quienes desnudan su ser y detallan los obstáculos que tuvieron que sortear para cumplir sus sueños y los obstáculos que les impone su edad actual.

Memorias es primordialmente una conversación entre los actores y el público que tiene la suerte de escuchar de viva voz las memorias de una parte de las personas que forjaron el teatro y la actuación mexicanos del siglo XX. No existe cuarta pared en esta obra, el público funge como aquel nieto pequeño que escucha atentamente los recuerdos de su abuela, quien se apropia de la conversación para evocar situaciones que resucitan a través de la voz.

Foto: José Luis Gutiérrez

El asistente a la obra tiene la dicha de presentarse a una cátedra de actuación impartida por unos maestros dotados de experiencia y basta sabiduría. Los actores no ocultan ni se avergüenzan de las facturas que les ha cobrado la vida y el efecto que ello ha causado a su memoria, y con toda naturalidad y seguridad leen el guion de la obra sin que ello desvalorice un ápice de su actuación. Allí donde la memoria se ha minado, pervive el talento, ese talento que construyó carreras exitosas e interpretó papeles entrañables, aquel que vivirá en la mente colectiva cuando la carne en la que habita se haya convertido en polvo.

Marta Aura, Ricardo Blume, Ana Ofelia Murguía y Adriana Roel demuestran que el talento y el desenvolvimiento teatral no está supeditado a la edad. La falta de escenografía es suplida perfectamente por esta pléyade de actores cuyas voces construyen un mar de escenarios de un México nostálgico. La calidad de sus actuaciones y la facilidad con la que permiten que fluya la obra envuelven al espectador que queda embriagado de recuerdos.

Foto: José Luis Gutiérrez

A través de la maestría con la que entonan sus diálogos el espectador es transportado a los rincones más profundos de los sentimientos que conforman a cada actor y puede tocar las paredes de las escuelas de arte a las que asistieron y tomar clases a su lado, sentir el dolor que implicó la falta de apoyo de su familia, alegarse con la primera vez en que su talento fue reconocido y retornar a una niñez que cada día se ve más lejana.

La actriz Ana Ligia se encarga de marcar la pauta y el ritmo de la obra, ella se convierte en la metáfora de miles de actores que buscan un sueño, ella representa a la nueva ola de dramaturgos que cargan con la responsabilidad de mantener firmes las bases que sus antecesores compañeros construyeron. La versatilidad con la que desempeña distintos roles demuestra que el teatro nació para no morir nunca y que el arte puro se encuentra en cualquier época.

Foto: José Luis Gutiérrez

Paula Zelaya Cervantes y Diego del Río logran mostrar la manera en la que un actor se construye, a partir de la deconstrucción del mismo y hacen evidente que cada personaje representado a lo largo de la historia se apropia del actor que lo interpretó y que, por ende, la inmortalidad de aquellos actores que pugnan por la perfección está asegurada.

Memorias es una obra que cualquier espectador va a disfrutar, es una clase de actuación al pie de la letra, es un viaje al pasado, es una conversación directa con primeros actores, es un lujo, es un gran homenaje a esas personas que, con sus interpretaciones, han logrado que la gente sueñe y vuelva a creer.

Las puertas de la Sala Héctor Mendoza se abrirán todos los jueves marzo y abril a las 20:00 para permitir un encuentro entre el público y las Memorias de grandes actores.

*Actualización (16 marzo 2020): algunas funciones teatrales han sido suspendidas como medida de seguridad ante el COVID-19

Foto: José Luis Gutiérrez
  • Dramaturgia: Paula Zelaya Cervantes y Diego del Río.
  • Dirección: Diego del Río.
  • Elenco: Marta Aura, Ricardo Blume, Ana Ofelia Murguía, Adriana Roel y Ana Liguia García.
   
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