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En una de las escenas finales de Mother!, la más reciente película de Darren Aronofsky, se escucha “You give and you give and you give. It’s just never enough.” (Das y das, y das. Simplemente, nunca es suficiente). Si bien llega a ser una frase que cobra sentido para muchos y en varios aspectos, en la cinta se torna una explicación forzada e innecesaria para el cúmulo de simbolismos que no terminan de dar un sentido lógico a la trama.

Las múltiples referencias bíblicas implícitas, algunas alegorías evidentes -otras no tanto-, y el símbolo materno como entorpecen el desarrollo de una metáfora eje, reduciendo la historia al de un hombre tan ególatra como perverso donde el fanatismo juega un papel importante. Aunque la premisa puede parecer interesante o remitirnos a títulos como The Master o Maps to the Stars, en Mother! El resultado es catastrófico.

La narrativa inicia como un gran thriller psicológico a la altura de Black Swan, con una tensión casi perfecta que nos mantiene al borde de la butaca, de pronto todo se cae. En una segunda parte que resulta irrisoria se sustituye el nerviosismo por incredulidad. Lo que sucede en la pantalla pasa del suspenso a lo absurdo. Miradas de extrañeza con sonrisas reprimidas se intercambian en la sala.

El sello de Aronofsky se pierde, el poder visual que había demostrado en otras cintas se derrumban pasado el minuto 61 de Mother!. El neoyorkino que ya había cimentado su cinematografía e incluso consolidado a sus seguidores empieza a encontrar el primer bache de su carrera. Debemos admitir que el tropiezo no inició con este bodrio sino que empezó a mostrar síntomas desde Noah.

De sus maestros Roman Polanski, David Lynch y Werner Herzog retomó el ritmo de sus obras para casarse con él. La fórmula le funcionó, una, dos, tres, cuatro y hasta cinco veces, pero no halla una manera de renovarse. Quizá su obsesión por los pasajes bíblicos le han generado una crisis creativa para construir parábolas religiosas funcionales como las que logró en π o en The Fountain.

Alguna vez tuve la oportunidad de escuchar a Darren Aronofsky, su discurso me pareció honesto; poco cuestioné su trabajo porque en sus palabras encontré amor genuino por el cine, una voz que veía en el arte una manera de plasmar sus pensamientos. Hoy poco veo de esa persona, en su lugar me topo con un cineasta encerrado en su zona de confort con miedo de reinventarse y por supuesto sin su mano derecha. Sin ese genio llamado Clint Mansell que con su score ha inmortalizado escenas, que ha hecho indisociable títulos como Requiem for a Dream de su musicalización.

En Mother! sólo hay un recurso por rescatar: el de su reparto. Michelle Pfeiffer logra una actuación aplaudible,  lástima que su papel se diluya al no encontrar justificación de su personaje. Por su parte, Jennifer Lawrence logra su mejor interpretación, quizá el romance con Aronofsky le dio la inspiración necesaria; pero sin duda alguna la única recompensa a las dos bizarras horas de cinta es Javier Bardem quien, como es costumbre, derrocha talento.

El nombre del cineasta se había vuelto referente, generaba expectativas pero esta vez no se cumplieron, todos salimos decepcionados de la sala de cine, “¿Qué vimos? ¡Madre santa! Ni Aronofsky lo ha de saber!”

 

  • Mother!
  • Director: Darren Aronofsky
  • Guión: Darren Aronofsky
  • Con: Jennifer Lawrence, Javier Bardem, Michelle Pfeiffer, Ed Harris
  • Estados Unidos, 2017
  • Duración: 120 min.

 

   
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