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Por: Mariana Mondragón

¿Hasta dónde debemos permitir que nuestros valores morales o el correcto comportamiento social se interpongan en nuestro camino hacia la felicidad?  Los hermanos Caroline y Michael cuestionan esto en sus vidas cuando leen en las memorias de Francesca Johnson, su difunta madre, acerca del amorío que sostuvo con el fotógrafo Robert Kincaid en la década de los sesentas, mientras ella estaba casada.

Los puentes de Madison es una película de 1995 dirigida por Clint Eastwood, adaptación de la novela  con el mismo nombre escrita por Robert James Walter en 1992, con la cual Meryl Streep fue nominada al Oscar como mejor actriz.

Francesca, un ama de casa atrapada en la insipidez de la rutina, conoce, en un golpe de casualidad y mucha suerte, a Robert mientras su marido e hijos salen de viaje durante cuatro días para participar en una feria estatal. La ausencia de su familia  le daría algo  más que un respiro  para salir de la monotonía.

Robert se encontraba haciendo un reportaje sobre los puentes del condado de Madison para National Geographic. Lo que comenzó con un gesto de cortesía por parte de Francesca para llevar al desubicado fotógrafo a la dirección correcta, terminó en un derroche de romance, y en un amor desenfrenado que los acompañaría hasta el final de sus vidas.

Francesca debe esforzarse para controlar sus sentimientos prohibidos, que para la época y su  pequeño condado de residencia,  donde los rumores y habladurías no conocen la discreción, podrían acabar con su buena  reputación y la de su familia. Siendo su situación un arma de doble filo, pues al cumplir con sus obligaciones sociales, estaría dejando ir la oportunidad de volver a ser feliz.

En esta historia se retrata el eterno dilema entre guiarse por lo que el corazón manda o reprimir todos aquellos deseos que ante la mirada de otros significan una severa desaprobación. ¿Ustedes qué harían en el lugar de Francesca?

   
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