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Queriendo o sin querer, Chernobyl, la nueva miniserie de HBO se convirtió en un fenómeno mediático extraño. Su tema no era precisamente atractivo, su tono, más bien pausado y su atmósfera densa, no hacían de esta historia una candidata para ser una serie masiva. Entonces, ¿por qué triunfó Chernobyl?

El efecto GOT dejó a millones de personas con cuentas de HBO en sus manos, ¿si Chernobyl no se hubiera estrenado a la par del desenlace de Game of Thrones hubiera tenido tanto éxito? Claro que no, me atrevo a decir que de estrenarse en octubre o noviembre, casi nadie la hubiera visto.

Esto me lleva a la siguiente pregunta: ¿es tan buena como todos dicen? Sí, si, sí y sí. La perfección que alcanza la miniserie en todos sus rubros es pasmosa, de alguna manera, Chernobyl es la amalgama perfecta de todo lo que HBO lleva haciendo bien por décadas.

La historia (entendido como guión) es imponente en su construcción de personajes, hechos y épocas. Su atención al detalle es obsesiva y a lo largo de sus cinco capítulos, no deja ni un cabo suelto.

Las explicaciones científicas son reveladoras pero nunca entran en el terreno del aburrimiento didáctico; el thriller político es aterrador pero jamás se mete en las garras del patriotismo; el drama humano (y animal) desasosegante pero nunca se mete en el tremendismo.

Me cuentan que los rusos están sumamente enojados por la falta de veracidad de los hechos que ocurren en Chernobyl. Acaso El Padrino es exacto en su reconstrucción de la Cosa Nostra o Espartaco sigue al pie de la letra los libros de historia universal… al menos a mí me tiene sin cuidado la rigurosidad histórica de la serie, por otra parte, la coherencia que tiene con su microuniverso, con sus argumentos, con sus criaturas y con su ficción, me dejaron con la boca abierta.

Para los fans de GOT que se molestaron por las inconsistencias narrativas, la falta de respeto por sus personajes o los saltos irracionales en el tiempo, Chernobyl debe ser el mismísimo  nirvana. Acá no hay nada suelto, todas las puertas que se abren son cerradas, todos los arcos llegan a su fin y todos los personajes son fieles a sus identidades.

Es verdad que la serie ataca ferozmente al sistema burocrático de la Unión Soviética, pero también homenajea a sus ciudadanos, un pueblo cuya única arma ante la corrupción, la necedad y brutalidad, era un conmovedor sentido de la dignidad.

Como es costumbre en HBO, Chernobyl no tiene misericordia con su audiencia, el fan service no tiene cabida en su argumento. Muchas de las escenas más crueles y devastadoras que verán en el 2019 perteneces a esta miniserie.

La nueva joya de HBO se mueve por varios géneros, pero su tema es uno: la verdad. Ante todo, la miniserie es un tremendo golpe a la estupidez humana, al espeluznante poder del Estado como aparato opresor y a la terrible resignación de los seres humanos.

Las claves del éxito de Chernobyl son dos: el timing perfecto y una calidad desbordada de una compañía que no es televisión, es HBO.

   
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