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Nos situamos en Viena de 1787, época del Clasicismo; cuando la música pertenecía a la aristocracia, los compositores vivían bajo la influencia del periodo Barroco, que se caracterizaba por la fuerza y dureza de sus artistas. Wolfgang Amadeus Mozart rompió esa rigidez entregando nuevos colores y contrastes, como en la pieza que a continuación recomiendo.

Una de las piezas más populares del músico y compositor austriaco fue la Pequeña Serenata Nocturna (Serenata para cuerdas N.13 en sol mayor) fechada el 10 de agosto. Es una obra dividida en cuatro movimientos llenos de energía, elegancia y alegría; detalles que distinguían la creatividad de Mozart, quien hoy es reconocido como la nota dominante dentro del período clásico.

El primer movimiento es la serenata, ejecutada en una forma alegre, es la parte más popular de toda la obra, utilizada para comerciales, caricaturas, etc. Lo impresionante de esta parte es la manera tan furibunda durante el inicio, es decir, no existe tensión alguna, y a pesar de ello, se libera una cantidad extraordinaria de energía.

Las transiciones son altamente melódicas, llevan una carga de gracia en la expresión, se siente una esencia de alegría rondando en nuestra cabeza. El ritmo es constante para mantener siempre la atención, hace que imagines ser el director de la orquesta, moviendo los brazos con la fuerza con la que entra cada nota, es la pasión de Mozart expresada en ocho minutos.

El segundo movimiento rompe esa inercia vertiginosa, baja las pulsaciones para recrear una verdadera serenata nocturna. Dicho fragmento rompe el paradigma del Barroco y el Clasicismo en casi seis minutos y acaricia lentamente, como el arco a las cuerdas del violín, el porvenir de un periodo, llamado Romanticismo.

Mozart se toma el atrevimiento de componer una pieza cuyas curvas musicales, cadencia y contraste, corresponden a la sensación de lo romántico, las frases melódicas, enternecen el espíritu que hace unos momentos estaba situado en lo alto para transportarlo a un entorno más íntimo. También lo lleva a una atmósfera oscura que forma parte del plausible experimento.

El tercer movimiento es una danza tradicional conocida como Minueto, es altamente armónica y está dividida en dos partes: la primera (A) se toca al principio y se repite al final de la pieza, mientras que la segunda (B) se ejecuta entre ambas, dicho de un modo técnico, tiene una estructura ternaria (A-B-A). Estoy seguro que dicho fragmentó levantó a muchos para disfrutar de aquellos cuatro minutos tan bailables.

La dinámica del inicio se retoma en el último movimiento, para ello Mozart se recarga por la elegancia con recorridos tonales llamativos y armónicos, pero sin perder la gracia, ya que la frase melódica es divertida y un poco dramática, profana, todo ello caracteriza los últimos cinco minutos como un Rondó.

La Serenata Para Cuerdas N.13 es una de tantas obras maestras del célebre compositor, es un recorrido por la mente maravillosa de Mozart, es energía, felicidad, diversión y romanticismo en una pieza que debe ser escuchada en cuanto esta lectura termine.

 

   
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