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Esta creación de Glenn Payne, quien en el 2019 entregó la interesante Driven, aborda las peripecias de tres creadores audiovisuales, quienes están ideando su próximo proyecto fílmico acerca de asesinatos que han preocupado a la ciudad, sin embargo, uno de ellos al parecer sabe más del caso que los otros.

Es claro lo que le ocupa decir a Glenn Payne: no hay necesidad de integrar fantasmas o monstruos como la convencionalidad ha dictado, porque los seres humanos son los mayores exponentes del terror con sus pensamientos y acciones, las cuales a veces van más allá del entendimiento científico. Tanto en Driven, como en Killer Concept, lo logra.

Con apenas 900 dólares, un muy reducido equipo de producción (apenas 15 personas), sin guion y diálogos improvisados, Payne logra sacar adelante una película que sí, habla acerca de crímenes y paranoia social, pero también de las dificultades de materializar una idea que al no tenerla clara, simplemente se sigue la premisa “la mejor idea gana”.

Lo que podría parecer un proyecto académico e incluso amateur, se vuelve en un producto completamente profesional, a pesar de las carencias, por la cadencia del ritmo y la química de los actores, los cuales, al ser sólo tres (Coley Bryant, Casey Dillard, quien ideó la historia y Glenn Payne, quien la dirige), tienen carta abierta para ir desarrollando poco a poco a sus personajes, dependiendo de lo que exija la trama, al mero estilo de la improvisación.

Por otro lado, dicha historia se adecúa al limitado presupuesto, pero se potencializa gracias a la imaginación de los involucrados. Claro que existe el suspenso, pero también un humor involuntario que funciona para recordar que lo que estamos observando en realidad es una película dentro de otra película, que no tiene otro objetivo más que el de entretener y dar muestra que con poco, se puede hacer bastante.

La película constantemente se burla de las creaciones de Wes Craven como Scream (1996) o Pesadilla en la Calle del Infierno (1984), así como hace mofa de cintas como Viernes 13 (1980) o Halloween (1978), con la intención no de criticarlas, si no de referenciarlas y homenajearlas por medio del humor, así como también que ayuden al avance de la cinta. 

Definitivamente Killer Concept es una cinta no apta para los exquisitos del género, pero tal vez sí para los seguidores de propuestas distintas y accesibles que busquen inspiración al crear propios contenidos fílmicos, en este caso, de suspenso y terror. 

Killer Concept tiene su estreno mundial dentro de la programación del Festival Macabro 2021.

   
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