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¿Escucharon el rumor de que Wes Anderson logró su obra maestra? Sí, el auteur, regresó a la pantalla grande con su más reciente film Isle of Dogs, animación de un distópico Japón que ha tenido que desalojar una de sus islas para usarla como basurero, ahí será donde todos los perros serán exiliados.

No hace falta decir más para comprender el impacto que la temática puede llegar a tener en una sociedad que cada día desarrolla más apego hacia los canes. También es suficiente razón para que una jauría protagónica sea responsable de llenar las salas de suspiros, risas y amor, mucho amor hacia Chief, Boss, Duke, King y mi favorito: Rex.

Pero Anderson no se conformó con la fortaleza de su premisa y apostó con todas sus cartas fuertes. De entrada aventó su primera reina: Frances McDormand y reservó por algunos minutos la hipnotizante voz de Scarlett Johansson. No dudó en sacar todos los reyes que tenía para darle voz a los perros: Bill Murray, Edward Norton, Bryan Cranston y hacia el tercer acto Liev Schreiber.

Si piensan que su partida era insuperable y su juego seguro, Anderson también tenía bajo la manga el comodín llamado Alexandre Desplat, quien da un arranque poderoso a la cinta con los sonidos del taiko; su vibración parece retumbar en nuestro pecho. Durante cien minutos, el compositor brindó agilidad acústica al conjunto de imágenes que por sí solas ya sugerían dinamismo.

Como movimiento táctico, el director recurrió a su dominio visual, una composición que parece menos evidente que en Moonrise Kingdom o The Grand Budapest Hotel; pero sin duda igual de fascinante. Detallada, ingeniosa, inteligente, así es la construcción de Isle of Dogs. Una reflexión que va más allá del vínculo con las mascotas; la lealtad, la solidaridad y el compromiso se ponen sobre la mesa, bajo la sombra de la humanidad que día a día perdemos como sociedad.

Las pantallas de la Berlinale fueron las que mostraron por primera vez al mundo la cinta. No es difícil imaginar que para febrero de 2019, Anderson y su talentoso ejército desfilará por la alfombra roja del Dolby Theatre en Los Ángeles, California. Las probabilidades de que la Academia nomine la cinta en las categorías de: Mejor Banda Sonora, Mejor Película de Animación y Mejor Director, son altas.

Sin embargo, tampoco será sorpresa que el conservadurismo de los premios impidan galardonar un film que ha sido acusado de estereotipante. Quizá lo que pretendía ser un homenaje se difuminó en el retrato superficial del país nipón, lo cual resulta poco relevante -al menos para mí- a sabiendas de que Isle of Dogs es mucho más que el país donde se sitúa la historia.

¿Escucharon el rumor de que Wes Anderson logró su obra maestra? Pues se los digo, no, no es un rumor, Isle of Dogs es lo mejor que el cine ha traído este 2018; así que corran a verla, no se arrepentirán.

   
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