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Fuerte, clara y contundente, como los lloriqueos de un niño sufriendo obligado a hacer algo que no quiere, es la reflexión que el ex vocalista de Pink Floyd imprime en su obra “Is this the life we really want?” hacia todos nosotros. La pregunta que funge como premisa y título del disco, es a la vez la introducción a pensar las consecuencias que tienen nuestros actos sobre el planeta.

Efectivamente, al decir de Roger Waters, todos somos culpables de lo que sucede hoy en día. Al bajista solo le bastaron 50 minutos divididos en 13 canciones para mostrar un panorama que evidencia las carencias que, muerto tras muerto, bomba tras bomba, guerra tras guerra, nos arroja a un siglo XXI en el que nos convertimos en un post-humano sin sentimientos.

El cantante de 73 años, fiel a su estilo, y junto con Nigel Godrich impusieron una música tranquila, nostálgica, melódica y reflexiva, como hace 25 años y mucho antes lo hacía Roger Waters en Pink Floyd; una línea que se encarga de mantener el estado de atención y, en contadas ocasiones, el trance estalla con un frenesí de distorsiones del teclado y un potente bajeo que te hunde retratando la bipolaridad, el radicalismo y el caos de este mundo.

Asimismo, la voz del bajista y escritor de las canciones, está orientada para conmover a quien le escucha. Cuando llega el momento de impactar, Waters utiliza el recurso de sus envolventes gritos, pero esta vez en menores cantidades, aún así, cada sentimiento viene marcado por los matices de su tono de voz.

La nostalgia y la impotencia son las armas con las que Waters apunta a sus oyentes, haciéndonos recordar “cuando éramos jóvenes” intentando regresar el tiempo, cuando amábamos a alguien que ya se ha ido, después nos hace imaginar “nuestros hijos con la mano en el gatillo” y lo que haríamos si fuéramos el mismísimo Dios ¿Cómo acabaríamos con la codicia de las personas?

Si la nostalgia y la impotencia son las armas, las balas serían las frases de la canción que lleva el título del disco. Si Roger Waters demoró 25 años en lanzar otra producción discográfica es porque durante ese lapso recopiló tragedias, sucesos e incluso nuevos síntomas que enferman a este mundo, causadas por la codicia y permitidas por todos y cada uno de nosotros al silenciarnos, al dejar que otros medios nos tapen la realidad con miedo y con la idea de que “estamos corriendo en una máquina bien afinada”.

“Is this the life we really want?” es una evaluación a un planeta desgastado, con seres inhumanos distraídos por placeres mundanos, propietarios con ambición de mayor poder a costa de guerras, drones que destruyen casas, niños que intercambian inocencia por odio, es un atropello que avienta con la fuerza de un tanque y responsabiliza al que se adueñó de la tierra mediante el uso de la fuerza y la inteligencia: el hombre y su creación.

También es una luz tenue que nos alumbra el pasaje a recordar el surrealismo de la música de Pink Floyd, sin perder el sello de la personalidad de su creador, Roger Waters, quien comenzó con dicho estilo en 1985 con The Final Cut, y hoy, después de una nueva crítica solo nos queda echar un vistazo alrededor, escuchar el disco y preguntarse ¿Es esta la vida que realmente queremos?

 

   
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