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«Cuando la rutina muerde fuerte, las ambiciones son pocas y los resentimientos son muchos; estamos cambiando nuestras formas y tomando caminos diferentes». Con esta terrible verdad en la boca, Ian Curtis cantaba sobre el hastío de las relaciones, también, con esta lógica de frente, la obra de teatro Humedad revela su trágica premisa.

Humedad nos cuenta la historia de dos parejas («Ellos» y «Los otros») que se encuentran en el abismo de sus relaciones, ese terrible momento donde las sorpresas ya se acabaron, donde lo que antes eran encantadores tics se convierten en insoportables hábitos, donde el aburrimiento toma la delantera y el enamoramiento se acaba para dar paso a dos lúgubres preguntas: ¿por qué estoy con él?, ¿por qué estoy con ella?

Foto: Itzel Noguez

Atrapados en un pequeño y religioso pueblo, las parejas son obligadas a convivir sin las distracciones de la cuidad, sin el escudo de las ocupaciones, sin el alivio del ruido del tráfico que esconde el profundo silencio. Ellos solo las tienen a ellas y ellas solo los tienen a ellos. La densa rutina los golpea y los obliga a enfrentar su apatía con cualquier estúpido pretexto: una lavadora, una botella de vino o unos calcetines secos.

Las dos parejas son interpretadas por la fascinante Irene Azuela y el estupendo Pedro de Tavira, dos actores en estado de gracia que funden humor, drama y farsa para darle forma y fondo a cuatro seres perdidos. La facilidad con la que actores mudan de piel es de admirar, la química es evidente y se percibe en cada mirada desviada, en cada roce, en cada beso truncado.

Foto: Itzel Noguez

Para crear la dramaturgia, Bárbara Colio (una de las autoras más prolíficas del teatro nacional) se despojó de todo rastro de misericordia. Su texto es frontal, hiriente, lleno de pistas que te conducen hacia el final del amor, los diálogos no están hechos a partir de peleas, es algo más cruel, es ese intentar y fallar, es la antesala del quiebre.

El texto de Colio toma la humedad como metáfora de todo: metáfora de lo incómodo, de lo liberador, de lo desesperante, de lo erótico, de lo prohibido… Esta humedad es omnipresente en todos los sentidos, como concepto y como objeto.

Foto: Itzel Noguez

El escenario donde se desarrolla la historia es el cuarto de hotel donde se alojan las parejas, que espacio podría ser más íntimo, más despiadado y mas coherente para ahogar el último aliento de una relación rota. Atención también a los visuales del equipo creativo, es difícil encontrar en la cartelera nacional este nivel de producción. La tecnología se amalgama a la perfección con la historia para crear un espectáculo formidable.

Conforme la obra avanza, la profundidad crece. Humedad no subestima jamás al público y nunca denota los subtextos de la historia, todo es sutil, tan triste y a la vez tan entretenido (jamás se aburrirán en sus 80 minutos de duración).

(Spoiler)

Cuando la obra agoniza, parece ser que Azuela, Tavira y Colio nos van a dar un poco de esperanza; todo es un engaño, Humedad termina con el más cruel de los flasbacks, con un día soleado nublándose, con la crónica de una muerte anunciada.

Ya lo dijo Ian Curtis: «el amor nos separará otra vez».

Foto: Itzel Noguez
  • Teatro del Centro Cultural Helénico
  • Drama
  • Del 23 de mayo al 7 de julio de 2019.
  • Dramaturgia: Bárbara Colio
  • Dirección: Matías Gorlero.
  • Elenco: Irene Azuela y Pedro de Tavira Egurrola.
   
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