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Todos soñamos con viajes, experiencias y libertad. En la imaginación, disfrutar de cada lugar significa cargar nuestras ilusiones e incluso dejar atrás cualquier valija que retrase nuestro andar. Sin perder el toque de romanticismo, con una metáfora voraz y una historia que atrapa, Truman Capote nos sienta en nuestra realidad: nadie puede escapar para siempre.

Libros del Zorro Rojo reeditó una de las obras más importantes del legendario escritor estadounidense. El clásico que cuenta la historia de Holly Golightly, una chica con miedo al compromiso y una falsa idea de libertad, que vive para engañarse a sí misma. Bajo la pose de no dejarse “enganchar” con nada ni nadie, predica un discurso de independencia, pero sobre todo de honestidad con sus principios, aunque debajo de tanta ligereza no hay más que una niña asustada.

Cuando leí la obra por primera vez, me dejé llevar por el lado romántico. Hoy, varios años después descubro que la historia es una lección. No he dejado de querer ser una viajera que colecciona anécdotas, muchas de ellas ni siquiera para ser contadas; pero en las páginas descubro que ser trotamundos pierde sentido si no se tiene un lugar a donde regresar. El sentido de pertenencia no es una cadena que nos ata, en cambio, es el punto que nos mantiene con los pies en la tierra.

Holly Golightly es un personaje encantador. Las descripciones sobre su sentido del humor acompañado de una pizca exacta de ingenuidad nos hacen verla como una excéntrica pieza de perfección. Sin embargo, en realidad estamos de frente a la escenificación de la soledad y la cobardía. Aquella batalla que se resiste a derribar cualquier muro para evitar que los sentimientos se desborden, concluye con el inevitable golpe de realidad: somos seres humanos ávidos de cariño.

Las ilustraciones de Karen Klassen, refuerzan esa ambivalencia entre vida y muerte. Las imágenes llenas de color que esconden rostros inexpresivos, la represión aunque escondida no desaparece; latente en los personajes, en la historia y en las imágenes. Desayuno en Tiffany’s, es el libro que rompió clichés. Ser una viajera nunca antes fue una idea tan desoladora, tan vaga.

Aún quiero conocer nuevos lugares, como Holly, jamás he estado en Río de Janeiro pero quiero ir sabiendo que siempre tendré un Tiffany’s. Un lugar que me calme, que me abrace de tan sólo saberme ahí. No quiero ser una escapista, quiero ser una viajera, tener un hogar a donde volver, una mascota con nombre, pero sobre todo quiero que libertad signifique paz.

Imagen cortesía Editorial Libros del Zorro Rojo
   
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