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Sólo el fin del mundo, la nueva película de Xavier Dolan se presentó en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) y generó división de crítica con los principales medios entre ellos, Bogart Magazine.

La película narra la historia de Louis, un joven escritor que regresa a su casa después de 12 años para dar una noticia: el fin del mundo, al menos para él, ha llegado. La familia de Louis, interpretado por Gaspard Ulliel, no es cualquier cosa, sus integrantes dignos de un manicomio parisino vagan por la casa haciéndole la confesión casi imposible a su moribundo narrador.

El cine de Dolan siempre tiene constantes técnicas y narrativas que le dan identidad a cada obra, en Mommy la pantalla se cerraba y abría para denotar el sentimiento de libertad, en Sólo el fin del mundo el canadiense ha teatralizado su cine a niveles radicales y lo ha hecho a partir de tres consignas:

En su película de 1928, La pasión de Juana de Arco, el director Carl Dreyer utilizó el close up como un elemento narrativo omnipresente, la lente siempre estaba sobre la cara de su protagonista Renée Falconetti para denotar el desarrollo psicológico y dramático de su personaje, inclusive algunos críticos la nombraron como “la sinfonía de los primeros planos”. En su nuevo film, Dolan toma este concepto para generar una especie de encerramiento, la cámara siempre está sobre los actores pero a diferencia de Dreyer, no utiliza el acercamiento sino que literalmente posa la cámara sobre los hombros de sus actores durante toda la historia.

El segundo punto se encuentra en la dirección de actores, el canadiense ha dado la orden consiente a su reparto de sobreactuar, de exagerar las reacciones, de potenciar el pulso dramático de la película a fin de crear un ambiente más cercano a la actuación teatral; los gritos, las lágrimas y las muecas son incesantes.

Por último, Dolan ha construido un guión enfocado a las lógicas de los escenarios teatrales, con diálogos constantes que no permiten el flujo de la imagen cinematográfica, no hay descanso en la interacción de personajes a excepción de un par de flashbacks de su protagonista, estamos ante un ping pong de preguntas y respuestas.

En un ejercicio tan radical como éste, sólo existen dos caminos por tomar: el de la fascinación o el de la desesperación. Desgraciadamente yo he caído en el segundo equipo. Lo que para algunos remite a intimidad, a mí me asfixia, la cámara de Dolan me provoca claustrofobia y me ahoga. Lo que para ciertos colegas es intensidad, a mí me resulta exageración y pose; Marion Cotillard y Vincent Cassel -dos actores a los que admiro profundamente-, me resultan insoportables y falsos una por tonta y el otro por loco. Lo que para algunos es original a mí me parece viejo, pretencioso y los más grave, aburrido.

Xavier Dolan, el llamado enfant terrible del cine mundial ha dejado de ser un niño, todos los excesos y extravagancias que se le perdonaban por su juventud, deben ser juzgados a fin de encontrar el artista. Sólo el fin del mundo es un paso atrás en una interesantísima y precoz filmografía, Dolan está enamorado y ebrio de sí mismo pero estoy seguro que cuando el niño al fin crezca, nacerá un cineasta de primer nivel.

 

  • Sólo el fin del mundo (Juste la fin du monde)
  • Dirección: Xavier Dolan
  • Guión: Xavier Dolan (Obra: Jean-Luc Lagarce)
  • Con: Léa Seydoux, Nathalie Baye, Gaspard Ulliel, Vincent Cassel, Marion Cotillard
  • Canadá. 2016
   
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