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El cine de terror es un género que se ha caracterizado por exaltar y espantar al público con distintos recursos gráficos y sonoros como: las imágenes grotescas, donde la sangre es protagonista; los sonidos fuertes y repentinos que provocan saltos y gritos, además de los personajes deformes o que regresan de la muerte en busca de acabar con todo y con todos a su paso. Pero, El Faro (The Lighthouse), apuesta por un terror que se aleje de los clichés antes mencionados. 

En 1890 Ephraim Winslow (Robert Pattinson) y Thomas Wake (Willem Dafoe) son los únicos encargados de cuidar un faro que se encuentra en una isla lejana ubicada en la costa de Nueva Inglaterra. Tienen que permanecer ahí durante cuatro semanas en las que sucederán eventos que no tenían previstos, unos provocados por la inclemencia del mar, mientras que otros son producto de fuerzas místicas y misteriosas que los obligarán a sacar sus peores versiones. 

Lo que atrapa al espectador es la fotografía. Primero, por el formato de la imagen. Se utiliza un ratio de pantalla 1:19:1, importante y reconocido por ser el puente de transformación entre el cine mudo y el sonoro. Segundo, la presencia de los dos únicos colores: el blanco y el negro. 

Al pasar los primeros minutos de la película pareciera que tiene la intención de ser muda, pero de repente una mezcla de sonidos perfectamente combinados crean una atmósfera terrorífica: los tonos graves, fuertes y constantes que produce el motor del faro; el imponente golpe del mar contra las rocas; el graznido de las gaviotas y el silbido del aire que choca contra las superficies son elementos que estarán presentes en toda la historia y construirán un ambiente frío, desolado y lleno de incertidumbre. 

Visualmente, el contraste entre blancos y negros que se hace presente en los espacios abiertos y cerrados resalta todo lo que se ve en pantalla. La fotografía que se hace al aire libre es brillante y hasta cierto punto deslumbrante, además se puede apreciar la inmensidad del lugar en donde se encuentran los personajes. En los espacios cerrados lo anterior cambia completamente, la iluminación es baja y solo se utiliza para resaltar detalles del sitio y enfatizar las expresiones de Winslow y Thomas. 

Pero el monocroma, tanto en espacios abiertos como cerrados, logran crear un espacio que invoca a la claustrofobia, se puede percibir el encierro que viven los dos hombres y esto provoca una sensación de ansiedad constante que con el fluir de los minutos se convierte en un factor clave para vivir la película. 

Es una historia no explícita y simbólica que obliga al público a pensar y reflexionar el por qué de lo que pasa en pantalla; profundiza en la psique de los personajes con la  intención de vislumbrar el destino que tomarán los cuidadores del faro que tienen un lazo místico, propio de las leyendas que se cuentan en el mar. 

El Faro, película dirigida por Robert Eggers, es un conjunto de géneros: drama, fantasía y terror. Este trabajo cinematográfico ha sido premiada con: 

  • FIPRESCI (el Premio de la Prensa Cinematográfica) en el Festival de Cannes de 2019. 
  • Premio Satellite al Mejor Actor de Reparto, Willem Dafoe. 
  • Premio Spotlight, Jarin Blaschke.

Además, está nominada en los premios Oscar, BAFTA y Critics Choice Awards como Mejor Fotografía.

   
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