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El recuerdo es una imagen desdibujada de un pasado que se antoja feliz, pero que no deja de ser una idealización de tiempos ajenos a la realidad. Las amistades y promesas construidas en el pasado se ven acechadas por un presente pragmático que cuestiona los ideales y sueños de toda persona que ha madurado a causa del paso del tiempo. Los distintos caminos elegidos para construir una vida amenazan con destruir el vínculo generado con otros en ese largo caminar. Bajo esa premisa Marcelo Tobar presenta El club de los idealistas, que se estrenará el 24 de septiembre del 2020 en las salas del país.

La premisa versa sobre un grupo de viejos amigos que se reúnen un fin de semana en un lugar alejado de la civilización para inaugurar una de las primeras casas que, prometieron, construirían para, algún día gozar, de su jubilación. Durante esta reunión el grupo de amigos tendrá que definir si esa promesa sigue vigente o sólo fue un anhelo de universitarios inmaduros. Este dilema generará un conflicto que pondrá a tambalear la larga amistad que han construido. 

El elenco está conformado por Juan Pablo Medina, Claudia Ramirez, Nailea Norvind, Yolanda Ventura, Tiaré Scanda, Andrés Palacios, Daniela Schmidt y Giselle Kuri, reparto rico y variado que, sin embargo, es desaprovechado en la película. Cada uno de los personajes que representan estas grandes actrices y actores se limitan a ser el estereotipo de un estado de ánimo, lo que impide que exista profundidad en los personajes y que sólo funjan como piezas para armar situaciones cómicas.

El recuerdo es el eje que guía a la película pues los personajes constantemente hablan del pasado y evocan los eventos que construyeron su amistad. Este recuerdo y el contraste existente entre éste y el presente generan conflictos que sirven como pretexto para crear escenas cómicas que, en varias ocasiones, funcionan , además, permiten que la película avance, sin un rumbo fijo.

La cinta, sin embargo, carece de profundidad y de construye únicamente con base en escenas independientes que exploran, someramente, la crisis de la mediana edad que se presenta cuando las personas rebasan los cuarenta años de edad y se cuestionan sobre su vida. 

La banda sonora del filme se aprovecha de la premisa del recuerdo y logra apelar a la nostalgia a través de la presentación de música en español de finales de los ochenta y principios de los noventa, lo que es acertado puesto que el público al que va dirigido la cinta disfrutará de este toque musical. El error en este punto radica que no en todas las escenas la música va acorde a las imágenes, lo que evidencia la obstinación que se tuvo para incluir, forzosamente, los temas que marcaron a una época.

Continuando con el tema del recuerdo, los colores sepia que se utilizan en la película emulan perfectamente a las fotografías viejas lo que le otorga a la película calidez y un toque de nostalgia agradable al ojo. El problema con la fotografía son los constantes desenfoques que padece la película y el uso de cámara a mano que sigue la voz de los personajes y barre la imagen.

En conclusión, El club de los idealistas es una película amena que no profundiza en conflicto alguno y que está hecha con base en escenas con tinte de comedia que funcionan de manera independiente. A pesar de que la trama se desdibuja, el gran trabajo actoral logra salvar a la película y los tintes de comedia, aunados a la banda sonora permiten que el espectador se entretenga. Esta película está hecha para aquellas personas que vivieron su juventud a finales de los ochenta y que añoran aquellos tiempos.

   
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