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No recuerdo con claridad el momento exacto en que leí la noticia, tampoco tengo presentes las palabras precisas del encabezado, ni el medio que lo hizo público. Lo que no olvido es que en ese instante sentí una gran satisfacción. Fue justo algunos meses después de que American Sniper se había proyectado en las salas de cine y yo había publicado un texto en su defensa. Mis líneas de cierre fueron “yo me quedo con mi respeto y admiración por una persona que a sus casi 85 años aún tiene la fuerza, las ganas y la pasión por hacer cine”.

La crítica fue severa con Clint Eastwood, pero eso no era lo que me molestaba, sino la falta de argumentos sólidos y la pedantería de los textos. Entre más leía o escuchaba en su contra más me aferraba al papel de abogada. El rol lo extendí con colegas y amigos; incluso con su más fiel seguidor, ése que tiene todas sus películas, que tiene un dominio absoluto de su obra y vida. Más de una noche duró el juicio junto a su acérrimo admirador y ni todos los regalos que me había hecho en el tiempo de conocerlo -incluyendo mis favoritas Million Dollar Baby, The Bridges of Madison County y Unforgiven– le concedieron el más mínimo espacio de tolerancia ante sus ataques en contra del director.

Saber que Eastwood se encontraba trabajando en otra película, me hizo sentir que tenía razón en aquellas líneas. “¡85 años, maldita sea!”, pensé, “si eso no es amor por el arte, entonces no sé qué lo sea”. Poco a poco los detalles sobre su nuevo rodaje comenzaron a conocerse e inexplicablemente mi entusiasmo por su cinta Sully, fue decayendo. Sin duda, saber que Tom Hanks era el protagonista fue una de las razones principales. Si quitamos Forrest Gump de su trayectoria, podría prescindir de él y de toda su filmografía como actor.

Ni sus nominaciones o premios en Big, Saving Private Ryan o Philadelphia han ganado mi simpatía. Su participación en Cloud Atlas y en las adaptaciones de las novelas de Dan Brown han consolidado mi desagrado por el trabajo actoral de Hanks. Siempre encuentro los mismos gestos, el mismo semblante; no logro hallar matices o diferenciar un papel de otro. El éxito que tiene en taquilla es simplemente inexplicable para mí. ¡Vaya, ni siquiera es guapo! Por lo menos Robert Downey Jr. puede justificar los ingresos que genera. ¿Por qué el ‘Hombre sin Nombre’ lo había escogido entre tanta oferta que tiene Hollywood?

Sin una respuesta a mi pregunta salió el tráiler oficial. Lo vi y decidí olvidarlo con un gran suspiro. Por primera vez mi querido Clint no despertaba emoción en mí, ignorar la situación era la manera en la que me rehusaba a entenderlo. Inevitablemente, recibiría un mensaje de ese hombre con quien pasé horas discutiendo el veredicto de American Sniper. Me limité a decir “no estoy segura de qué esperar”. Mi desencanto crecía a la par que sus ganas de ver la historia del aviador.

Sully se estrenó en septiembre y se abrió el archivo de aquel juicio entre dos admiradores de su trabajo, pero ahora era yo quien estaría a punto de levantar el dedo acusador. El Festival Internacional de Cine de de Morelia nos concedió la oportunidad de ver lo nuevo de quien considero mi Mo Cuishle del cine. La historia de Chesley “Sully” Sullenberger y su hazaña para aterrizar sobre el río Hudson materializaron lo que más temía. Mi corazón sufrió un golpe lento y duro. Tuve que aceptarlo, me quedé sin argumentos; estaba decepcionada.

No sé si lo digo de consuelo, pero no me había equivocado en cuanto a la participación de Tom Hanks. Tampoco fue descabellado pensar que el trailer ya era la historia completa y poco había por agregar. Ya tuve tiempo de digerir los hechos, no encuentro un factor rescatable. Lo que vi es imperdonable. De Clint Eastwood solo encuentro ese extraño heroísmo que aborda en sus películas. Quisiera saber qué pasó con esas historias tan profundas como desgarradoras. Dónde están los diálogos que se quedan en las miradas de los protagonistas y todas esas cosas que lo hacen ser tan maravilloso, tan él.

Pero esta historia no empezó aquí, desde Jersey Boys su cine ha decaído. Quizá llega una edad en la que hasta el mayor de los genios se permite una rebeldía, a lo mejor sólo decidió montar un extraño sarcasmo que no comprendo, o probablemente, muy a su estilo, decidió hacer una película y esperar qué tiene la crítica para él en esta ocasión. Quizá estos días él se ha despertado para conocer lo que se ha dicho de Sully, y antes de hacerlo sonríe y piensa “Go ahead, make my day”. Yo quiero despertar para repetir aquellas líneas “me quedo con mi respeto y admiración”.

A este juicio, sólo me queda citar a ese admirador suyo que comparte conmigo su amor por Eastwood. Con sus palabras resume mi sentir “me da mucha tristeza pensar que Clint Eastwood está muy viejito para dirigir. A él siempre lo vi como un hijo de la fregada, como el vaquero, el asesino, el cabrón, el madreador; jamás, hasta ahorita, lo vi como el anciano… me parte el corazón”. Por favor, Clint, te lo pido: no te vayas sin entregarnos una última obra maestra.

  • Sully
  • Estados Unidos, 2016
  • Director: Clint Eastwood
  • Guión: Todd Komarnicki (Libro: Chelsey Sullenberg, Jeffrey Zaslow)
  • Con: Tom Hanks, Aaron Eckhart, Laura Linney, Anna Gunn
  • Duración: 96 min.
   
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