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Con Alfred Hitchcock en la mente, Christopher Nolan ha filmado Dunkerque, la mejor película dentro de su prestigiosa carrera y quizá la mejor que se ha estrenado en lo que va del 2017 (junto con La Vida de Calabacín).

La cinta cuenta la historia de la Batalla de Dunkerque durante la Segunda Guerra Mundial, una misión que tenía la imposible tarea de evacuar a miles de tropas británicas y francesas acorraladas por el ejército nazi.

Con  esta premisa, Nolan ha filmado metódicamente a partir del dogma creativo de Hitchcock, una lista de principios técnicos e ideológicos que despoja al lenguaje cinematográfico de máscaras y manipulaciones:

 

“Los diálogos son generalmente inútiles”.  

Nolan ha creado una cinta con diálogos mínimos, ha despojado a su guión de palabras dejándole a las imágenes toda la carga narrativa. Esta técnica es sumamente arriesgada, ya que no existe un discurso emotivo o una línea ingeniosa donde esconderse, todo es imagen en movimiento, todo es cine.

 

“El sonido puede ser tan importante como la imagen”.

Debemos aclarar que Hitchcock no entiende la sonoridad como diálogos, sino como el sonido ambiente y la música como entes vivos. Nolan entendió e incluso exageró el precepto «hitchcockniano» al encargarle a Hans Zimmer un score alterado, acorralante y nervioso. Las piezas musicales acompañan de forma incesante la acción, es como aquella escena de la regadera en Psicosis, pero durante 100 minutos, la experiencia puede ser extrema.

 

“Los encuadres tienen un significado emocional”.

Cada imagen de Dunkerque está matemáticamente planificada; cada plano, cada escena, cada cuadro están filmados para demoler. Esta fascinación de Nolan por los orígenes del cine, puede resultar claustrofóbica ya que cada escena evoca y significa algo, no existe un espacio para respirar con una imagen superficial o relajante.

 

“El color también es un lenguaje”.

La paleta de colores en Dunkerque es primorosa, la intensidad de cada objeto y paisaje retumba en la retina intensificando la experiencia. El cineasta británico entiende que una de las sensaciones primarias del cine es el color. Así se debieron sentir los primeros espectadores que presenciaron Singin´ in the Rain en su glorioso technicolor.

 

“Los objetos no son muy distintos de los actores”.

El trabajo de dirección de actuación en Dunkerque es casi nula, debo aceptarlo. Nolan no deja que ninguno de sus actores tome posesión del hilo dramático de la historia, los personajes jamás se desarrollan a un nivel profundo dentro del guión, su finalidad, es que todos los entes -animados e inanimados- tengan un peso narrativo idéntico. Un avión, un rifle, una nube, un soldado traumatizado, un casco… todo y todos significan algo para el inglés. Yo no soy un fanático de la actitud de ciertos directores por tratar a sus actores como objetos -Malick y el mismo Hitchcock-, sin embargo, este despojo de la sobre actuación en el film, me ha resultado fresco y casi puro.

A través de estas premisas, Christopher Nolan no sólo ha escalado su filmografía a otro peldaño de calidad, también ha demostrado que su lucha por regresar a las personas a las salas de cine no solo son palabras. Dunkerque ha sido concebida para revivir la majestuosidad de la pantalla grande.

Obra maestra.

  • Dunkerque (Dunkirk)
  • Estados Unidos, 2017
  • Director: Christopher Nolan
  • Guión: Christopher Nolan
  • Con: Fionn Whitehead, Mark Rylance, Kenneth Branagh, Tom Hardy, Cillian Murphy
  • Duración: 107 min.

 

   
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