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“Mi editora en jefe me encargó la reseña del nuevo disco de Jimi Hendrix”. Esta frase sería normal en el año de 1968, pero qué pasa cuando estas palabras encajan en pleno 2018, año en que el rock  y el reggaeton manda.

Both Sides of the Sky es el sorprendente disco de canciones inéditas de Jimi Hendrix, un canto de ultratumba que nos llega para activar la memoria, para recordarnos que debemos subir nuestro nivel de exigencia musical.

Después de escuchar las 13 canciones que componen el álbum, son dos los sentimientos que invaden mi mente: el entusiasmo y la preocupación.

Vayamos con el entusiasmo primero. Desde el segundo uno del disco, la guitarra del zurdo de Seattle hace un acto de presencia sublime. ‘Mannish Boy’ y ‘Lover Man’ transportan la imaginación a mejores épocas, a los buenos tiempos donde la música no era asunto de “payola”, donde la audiencia aullaba los cantos de la desobediencia civil y no los gemidos de la misoginia caribeña: “felices los cuatro”.

El primer himno de Both Sides of the Sky llega pronto. ‘Hear My Train Comin’ te atrapa por siete minutos y medio en un jolgorio de guitarrazos. Slides, riffs, requintos… todo cabe en esta canción. ‘Stepping Stone’ empieza con el ritmo de una cabalgata a todo galope, una canción acelerada, hiperactiva y revolucionada.

El ritmo baja con ‘Jungle’, una pieza instrumental que se va más por el lado de la psicodelia. Hermoso track. ‘Things I Used To Do’ aporta el country, ‘Georgia Blues’ el soul y ‘Sweet Angel’ el pop.

El álbum continúa con ‘Send My Love To Linda’, una balada que sin problema hubiera encajado en la época de Kurt Cobain y Eddie Vedder. Desgarrada, sucia y melódica a la vez; al parecer Hendrix inventó el grunge hace mucho tiempo.

Both Sides of the Sky cierra con ‘Cherokee Mist’ una canción con toque místico, repleta de sonidos nativo americanos. Un desenlace atípico y desenfrenado.

Creo que ya hablé lo suficiente de mi sentimiento de entusiasmo, toca turno a la preocupación -seré más breve lo prometo-. Me preocupa que Hendrix suene tan actual, tan poderoso y relevante, eso de alguna forma, me dice que la música no ha logrado una evolución. Me preocupa que no exista un ser humano que pueda tocar la guitarra como Jimi, me preocupa que las próximas generaciones no tengan nuevos ídolos. Creo que estamos destinados a regresar eternamente a los viejos discos y a los antiguos dioses.

Por lo pronto, me siento feliz de haber terminado una reseña para el nuevo disco de Jimi Hendrix.

   
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