0
Shares
Pinterest Google+

Un lunes, día que no abren los museos, la Secretaría de Cultura organizó una “función especial” para la ópera prima documental del italiano Helmut Dosantos en el Museo Nacional de Antropología e Historia. Dioses de México (2022), una cinta que pretende retratar la esencia de la diversidad en distintas zonas rurales de México se estrenó en el pasado FICUNAM y ahora continúa su ruta de exhibición.

Dicha función especial presenta la versión extendida del documental cuya producción empezó desde el 2013, años complicados, recordemos, por los recientes estragos de la falsa guerra contra el narcotráfico que condicionó, sobre todo, a los pueblos originarios que se encarga de retratar.

Helmut Dosantos se ha encargado de aclarar en distintas entrevistas que no le parece idóneo que usen el término “exotizante” para su trabajo, pues se considera un extranjero que solo pretende un acercamiento orgánico al quehacer y a la esencia de distintas comunidades. Respecto a lo anterior, considero que Dioses de México no deja de oscilar en la frontera tal vez preciosista del folklor y “orgullo mexicano” ante la diversidad cultural, pero también entre la dignificación de aquellxs quienes obtienen distintas materias primas.

 

Del olvido de lo orgánico a la mirada mutua

La versión extendida del documental añade un capítulo a la narrativa del documental: I. DIABLOS, -que recuerda mucho a Trópico de cáncer (2004) de Polgovsky- en el que suceden distintos actos de crudeza animal de forma simultánea con la necesidad de los rituales de fiesta y goce. No cabe duda de que existe un contraste narrativo muy claro en esta primera parte, sobre todo ante la ausencia de diálogos y de cualquier voz en off,  además de una fotografía muy cautivante, que a ratos nos hace perder de vista, por no decir, cuestionar, lo orgánico de la situación.

Definitivamente esa primera parte resulta hermosa y poco verosímil para la convencionalidad del lenguaje documental, de hecho, llega un momento de la danza de los diablos en las que esas personas con máscara bailando alrededor del fuego me remitieron a una antítesis del doloroso final de Sin señas particulares (2020).

El siguiente capítulo, II. RAPSODIA DE LOS CUATRO VIENTOS, es un pasaje a blanco y negro a través de comunidades de los cuatro puntos cardinales, en los que Dosantos pone de frente a distintas personas pasmadas en alguna labor, mirando fijamente a la cámara. Resulta muy interesante que las personas te miren de vuelta y sentir de alguna manera una mirada confrontativa, casi como un recordatorio de la pasividad que puede resultar ser espectadores.

Un acercamiento idílico a cotidianidades precarizadas

Los siguientes dos capítulos se llaman III. BLANCO y IV. NEGRO, en los que se retratan los procesos de obtención de sal y de minerales. Resulta fascinante el proceso, tanto que dan ganas de ser parte. Por lo tanto, no sé qué papel juegue la fascinación en relación con la dignificación del trabajo arduo y precarizado. Parece ser que sólo si olvidas por un rato el contexto de las personas trabajadoras, podrías disfrutar de la belleza del lenguaje audiovisual y del trabajo sonoro verdaderamente sensorial.

Particularmente, el proceso de recolección de sal me pareció muy interesante y me recordó a un señor de Chapultepec que pone a secar al sol las costras de chicharrones antes de meterlas al aceite porque todo proceso “tiene su chiste”. Por lo tanto, también me surgió la reflexión de la necesidad de representación de los procesos previos al resultado final de todo lo que tenemos a la mano y que a veces damos por sentado, a pesar de las miles de concientizaciones que aleguemos tener.

Creo que la proyección en dicho museo resulta bastante simbólica y confronta la forma acrítica en la que podríamos ser espectadores de algo tan bello y fascinante como Dioses de México en relación con los mismos vestigios históricos que alberga el recinto, motivos de un “orgullo nacional” que contrasta la realidad actual de los pueblos originarios que luchan día a día contra el exterminio y desplazamiento de sus tierras.

Me parece que Dioses de México resulta una gran opción si es que dejas de lado la precarización y la violencia de la que son víctimas sus protagonistas, para ser parte de una de las experiencias audiovisuales más contemplativas y sensoriales de los últimos años. 

 

   
Artículo Anterior

XLIV Marcha del Orgullo LGBTTTIQ + : Intersecionalidad, más que reyes y reinas

Artículo Siguiente

NOCHE DE ALIADES EN URINETOWN

No hay comentarios

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.