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¡Despierta! Ya son más de las siete y se te hizo tarde. Olvídate del desayuno, el metro te espera y la estación está especialmente llena el día de hoy. En el camino al trabajo deberás pensar en tus pendientes: ¿entregué ese reporte?, ¿terminé aquel comunicado?, ¿mandé ese correo?

Es una fría mañana de diciembre, el café de la oficina es pésimo y aún quedan 9 horas de lidiar con clientes, peleas entre compañeros y sillas incómodas, para después enfrentarte a un tráfico de 2 horas y media para llegar a casa, dormir y repetir esa misma escena una y otra vez como en aquella película de Bill Murray, Groundhog Day.

Esta historia es la de millones de seres humanos y también era la de la actriz  Milagros Bernal, al menos antes de que realizara su mayor decreto. “El teatro vino a salvar mi vida porque yo era una ‘godín’ como muchos otros”. Mily, como la llaman sus amigos trabajaba con esa sonrisa que la caracteriza, pero en el fondo algo no la llenaba. Como pocos, decidió desencadenarse y darle un giro a su vida de 180 grados: “Parte de ti no es libre… parte de ti, te dice que no es el camino….” y así, llegó el más grande de sus milagros.

Aunque lo parezca, una decisión como ésta no es súbita; se requiere del peso de muchos factores para activar ese botón. Para Mily, el cambio no fue fácil, pero para una mujer con su optimismo y fe todo llegaría en su momento “los tiempos de Dios son perfectos”.

Incluso el miedo era indispensable para dar el salto: “Siempre he tenido un temor… mi temor más grande en la vida es tener cierta edad, 50 o 60 años y voltear a ver tu vida, tu camino y sentirte incompleto… amargado”. Mientras recordaba, sus ojos grandes dejaban ver que el miedo se había esfumado y ahora sólo reflejan felicidad.

Estas variables formaron parte de un todo, encendieron la chispa en el interior de una oficinista que quería ser artista o mejor dicho, de una artista que tuvo que ponerse detrás de un escritorio. Milagros encontró su trabajo ideal, una empresa de “felicidad”, “entrega”, “risas”, “descanso al alma” y “amor”, sobre todo amor…. Su nuevo trabajo, es el teatro.

Hay que reconocer que había que tener un poco de suerte: “En ese andar, en esa búsqueda… caímos aquí en este colchón”, aseguró sobre a su llegada a Sótano Foro, el teatro donde actualmente trabaja con su compañía.

Al contar su historia,  la emoción y la libertad levantaban un escudo que la protegía… Milagros sonreía y volteaba hacia arriba, una clara señal de que añoraba su aventura. Su historia es ejemplo de optimismo, pero sobre todo de decisión. “Lo que declares con tu boca, eso mismo cosecharás”. Sin pensarlo dos veces en su vida ella ha decretado trabajo y felicidad. Eso es lo que ella tiene en Sótano Foro, en su compañía Vie Cruelle Teatro.

La pasión en los escenarios ha sido vital: “Ver un teatro lleno y que se vayan a gusto… escuchar sus risas, sus sonidos, todo es indescriptible”. Mily no sólo es una soñadora, ella es una mujer de trabajo, de convicciones y nunca huye del esfuerzo.

La disciplina siempre es importante: “La informalidad es algo que no me gusta, cuando  tenemos un acuerdo y que algo de eso no se cumple, me bota las tuercas”. Los defectos -aunque no lo creamos-, también forman carácter: “Me angustio, soy muy paranoica…quiero que todo corra en horario, tiempo y forma”.

Soñar no es un trabajo de medio tiempo, no hay vacaciones y las horas extras no se pagan. A veces no hay utilidades ni primas, la paga no siempre es buena y los turnos pueden ser eternos, sin embargo, algo nos dice, Milagros, que tú firmarías ese contrato por tiempo indefinido…

¡Despierta! Aún estás a tiempo, come algo con calma, tu destino te espera y no irá a ningún lado. Mientras caminas, sueña tu futuro, imagina lo bien que lo pasarás el día de hoy.

Es una refrescante mañana de diciembre, estás tomando un café delicioso y por si fuera poco, tienes un nuevo y emocionante proyecto en puerta. Después de 9 horas de inspirar, crear y compartir en un escenario, te das cuenta que tienes la oportunidad de repetir esa misma escena una y otra vez como en aquella película de Bill Murray, Groundhog Day

   
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