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En una época en que el número de migrantes a nivel mundial supera los 270 millones, de los cuales 25.4 millones son refugiados, una película como Cuando Hitler robó el conejo rosa es pertinente para evidenciar lo duro e impactante que implica el cambio vertiginoso en la vida de las personas que deben salir de su país natal por diversos motivos. 

Basada en la novela juvenil homónima, que funge como autobiografía de su autora Judith Kerr, la galardonada directora alemana Caroline Link presenta este filme cuya historia, a pesar de situarse en el contexto del inicio del Tercer Reich, es más actual que nunca. El Goethe Institut Mexiko presentará esta película los días 14, 15 y 16 de agosto del 20202 en el marco de la 19ª Semana de Cine Alemán.

Cuando Hitler robó el conejo rosa presenta la historia de Anna, una niña judía alemana de nueve años de edad que se ve obligada a abandonar Berlín ante la probable victoria del partido nazi en las elecciones de 1993. El temor que tiene el padre de Anna, un reconocido escritor y ferviente opositor de Hitler, por las represalias que los nazis podrían llevar contra él y su familia, los lleva a emigrar a la neutral Suiza. En este país Anna se encontrará con una cultura completamente distinta a la de su amada Alemania y se tendrá que enfrentar a una vida en la que la carencia protagoniza sus días.

Ante la imposibilidad que tiene el padre de Anna de conseguir empleo, la familia decide mudarse a un barrio pobre de París, la protagonista ahora tendrá que lidiar con las dificultades que se presentan al llegar a un país cuyo idioma desconoce y en el que el dinero es tan escaso como su esperanza de volver a su anterior vida. A lo largo del filme se muestra como Anna y su hermano, Max, soportan una infancia difícil en un país que les es ajeno, al tiempo que sus padres luchan por darles una vida digna.

La adaptación de Cuando Hitler robó el conejo rosa logra captar de buena manera, desde el punto de vista de una niña, el reto que implica para las familias refugiadas adaptarse a una cultura diferente. Los diálogos de la película prescinden de palabra como racismo, discriminación y pobreza que son tan ajenas a los niños, para mostrar estos conceptos en acciones que el espectador puede interpretar fácilmente, pero que para los niños del filme son eventualidades extrañas.

Este punto de vista infantil que mantiene la directora a lo largo de la película logra que el espectador empatice con los personajes inmediatamente y que interpreten un problema tan trascendental como lo fue el nazismo y sus consecuencias, a través de la inocencia que la protagonista muestra. Si bien la historia se basa en la vida de Anna y su familia, ello no es impedimento para que la directora muestre los estragos que causa el cambio radical que implica la migración en una familia común.

Lo que podría ser una película triste en la que eventos desgarradores se presentarán a cada momento, logra ser resuelto con tintes de comedia que la directora esparce a lo largo del filme y que, aunado a ese punto de vista infantil que nunca abandone, permiten analizar eventos dramáticos desde una perspectiva amigable. Esto se evidencia en la paleta de colores que utiliza la directora en donde predominan colores sobrios y obscuros que, por momentos que ven opacados por brillantes amarrillos que simbolizan la alegría que los niños encuentran en los momentos más duros.

Bajo este tenor Anna resalta sobre todos los personajes no sólo por el optimismo con el que enfrenta la vida, sino por lo colorido de su ropa que muestra la pureza y bondad que tiene el personaje. Durante los momentos más grises de la historia será Anna quien funja como esa luz esperanzadora para su familia; no importa si se encuentra caminando entre la muchedumbre de un gris París o encerrada en el carcomido edificio que llaman hogar, ella mostrará su luz

El problema de Cuando Hitler robó el conejo rosa se encuentra en su guion que parece haber querido tomar los elementos más dramáticos del libro y prescindir de otros, sin lograr que exista cohesión entre las acciones. Así, más que una historia lineal, la película está hecha a base de eventos cuya línea argumental busca unirse a través de objetos ajenos al libro original y que se presentan como hilos que buscan zurcir una historia que no logra tener cohesión.

Existen un sinnúmero de elipsis temporales que desequilibran la historia y buscan ser remendados con diálogos que regresan el curso de la trama a su cauce, pero que dejan un sentido de abandono. Las subtramas no logran desarrollarse correctamente, pero esto es resuelto por el peso que absorbe Anna, cuya detallada construcción permite mantener el equilibrio de la película.

Cuando Hitler robó el conejo rosa es una película que pueden disfrutar niños, adolescentes y adultos y cuya principal fortaleza es la maestría con la que su directora logra captar el punto de vista infantil de un problema enorme como lo es la discriminación. Anna es fiel representante de todos aquellos niños que en la actualidad se ven forzados a abandonar su hogar en busca de un sueño que aun no conoce.

   
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