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El cine nacional se ha caracterizado por una oferta de fórmulas redundantes en sus personajes, tramas, reparto y hasta locaciones. La clásica comedia romántica ha prevalecido gracias a los chistes vulgares, la construcción estereotipada de “lo naco” e incluso “las chilangadas”. Mientras unos gozan sus 3-5 minutos de fama, otros huyen en busca de proyectos de talento o de industrias con mayores oportunidades para otro tipo de cine.

Al parecer los cinéfilos solos tenemos dos salidas viables: a) abonar los 80 pesos de la entrada a las productoras extranjeras con mejor oferta, o b) resignarnos para tratar de reír con las peripecias de algún “chacalón” que se conflictúa con un(a) “fresa”, sabiendo que eventualmente aparecerá algún “hipster” y finalmente, para deleite de los hombres, ver un desnudo de una tal Higareda.

Para muchos la solución es evidente. No hay ni que pensarlo dos veces. Si la cartelera comercial solo presenta esa cara del cine mexicano y la falta de apoyos le deja pocas posibilidades al talento nacional, nuestras apuestas se van fuera del país o, en su caso, podremos esperar la época de festivales para encontrar una chispa que impulse nuevas propuestas.

Bajo ese contexto, está por demás hablar de las probabilidades que existen de que, por  elección propia, planeé ver un título mexicano; pero en esta ocasión dejé que la programación decidiera por mí. La función más próxima iniciar sería la seleccionada. Al iniciar la cinta y escuchar que estaba en mi idioma, volteé a ver a mi acompañante “¿Es mexicana?” pregunté en un tono que se debatía entre la decepción y la queja.

De entrada, el nombre ya había sido motivo de un par de risas suspicaces. Purasangre resultó una sorpresa grata. Sin pretensiones, el guión retoma una fórmula que pocos connacionales se han atrevido a retomar, aunque debemos aceptar que en terrenos hollywoodenses ha sido probada y de sobra: un grupo de vándalos que, presionados por un poderoso mafioso, se ven obligados a cometer un crimen que parece un acto suicida.

El desarrollo dramático de Purasangre corre al estilo de Los Simuladores. Desde la presentación de los personajes hasta los puntos de giro que se entraman y esconden pistas que cobran sentido hacia el desenlace de la película. El elenco protagónico conformado por Chema (Mauricio Argüelles), Jaime (Luis Roberto Guzmán), Fierro (Cesar Rodriguez), Bosco (Adrián Vázquez) y Tino (Ruy Senderos) se equilibra y complementa con las distintas personalidades.

La acción y el suspenso se valen de una narrativa que va y viene en el tiempo, con ello se logra mantener al espectador al tanto de los detalles. Al mismo tiempo, su estructura le da dinamismo; las acciones van fluyendo de manera natural. En términos técnicos, no se le reprocha nada, incluso destaca la labor en la fotografía. Y aunque el final abusa del factor sorpresa e incluso puede prescindir de algunos minutos, se compensa con la valentía de la propuesta que le hace ganar un paso al cine de nuestro país, el cual debería encontrar un justo balance de oportunidades para todos los géneros.

 

  • Purasangre
  • México, 2016
  • Director: Noé Santillán-López
  • Guión: Francesco Papini
  • Con: Hernán Mendoza, Mauricio Argüelles, Luis Roberto Guzmán, Joaquín Cosío, César Rodríguez, Ruy Senderos, Adrián Vázquez, Silverio Palacios, Fernando Becerril, Rocío Verdejo, Paulette Hernández, Arnulfo Reyes Sánchez
  • Duración 104 min
   
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