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El rey del glam, esa canción de Alaska y Dinarama que contaba la historia de un chico que vivía atrapado en una época, donde la moda sigue siendo la extravagancia en los atuendos, el glitter en la ropa, las plumas y el animal print. Esta canción muy buen puede definir a Cherry Sour y la tragedia del Pink Flamingo, ella es una mesera en un bar —de esos donde los trabajadores tienen historias tan turbias que los clientes se sienten menos miserables con las suyas propias— y se resiste a usar un teléfono celular, él es vocalista en una banda—los Pink Flamingos— ambos con una pasado tan oscuro y un presente opuesto.

Cuando Johnny Flamingo muere en la casa — un cuarto en realidad— de Cherry lo encuentran tirado con una navaja que ella misma le había regalado. Ella se va a un cuatro de interrogatorios donde esperan que termine por confesar, mientras que él está ubicado en otra dimensión un purgatorio donde presenta un concierto muy privado con canciones que nos va contando su versión de la historia. 

Isabel Quiroz le da vida a Cherry una chica que creció viviendo la violencia de género en su día a día —una madre murió por un robo, una amiga que desaparece sin una razón— pero que a pesar de eso sigue manteniendo la idea de una violencia que no distingue de géneros. Cuando se enamora de Johnny — interpretado por Ricardo Rodríguez— este la acorrala al punto de obligarla a decir sí a vivir en su casa. Se apropia de su espacio, su vida y un corazón que buscaba el cariño de una persona para evitar sentirse sola.  

La representación del amor romántico como un ideal que puede vencer todo no es algo que veamos en esta puesta. No hay —como se anuncia desde el principio— un final feliz, pero si hay un abuso constante del victimario con la promesa de llenar las carencias afectivas que tiene la “Cerecita roja” —nombre que Johnny le daba a Cherry antes o después de violentarla—, diciéndole que ellos estaban destinados a estar juntos, acercándola a su círculo solo para ver como ella poco a poco se mostraba vulnerable y accedía a todo lo que le pedía. 

La dirección de Isabel Quiroz separa a los personajes en dos planos, haciendo que los actores nunca logren tocarse siquiera a pesar de tener momentos románticos que sería ideal para romper esta barrera. Sin embargo, las actuaciones de Quiroz y Rodríguez crean el acercamiento, cada uno desde su dimensión —el cuarto de interrogatorio y el purgatorio— haciendo que lo físico no sea un requerimiento necesario.  Solo un gato —una traviesa mascota que rondaba por la habitación— fue capaz de cruzar por ambas dimensiones sin ningún problema. Los nervios propios de la primera función hicieron que en ocasiones los diálogos sonarán atropellados, pero es algo que seguramente se trabajará para que no ocurra en las siguientes funciones. 

Otro de los elementos presentes es la creación de música para esta puesta, canciones originales que si bien no se van a quedar en la mente de los espectadores ayudan a que la historia fluya con un mejor ritmo y acerca a los personajes a explorar los dotes musicales que ellos afirman tener.

Cherry Sour y la tragedia del Pink Flamingo se presentó en el teatro La Capilla como parte del programa Teatro de los Estados que acerca obras de distintos lugares del país a presentarse con el ya formado público que tienen exponiéndolos de esta forma a distintos auditorios. La virtualidad del teatro nos da la oportunidad de conocer los distintos proyectos que se están gestando a lo largo de la república sin tener que viajar, conozcamos la propuesta que tiene la compañía veracruzana Teatro, Glam and Roll

Mantente al pendiente de la cartelera virtual del teatro La Capilla para que tengas la oportunidad de ver estos proyectos de los que puedes disfrutar desde tu casa.

   
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