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Bajo la dirección de Susanne Bier, una de una mujer, destacada en la corriente Dogma 95, y ganadora del Oscar, llegó Bird Box a Netflix. Junto a cintas como Roma y The Ballad of Buster Scruggs la plataforma de streaming comienza a a crear un catálogo de producciones bajo la visión de grandes nombres; una especie de star system de directores.

En esa misma línea la cinta de Bier gozó de la difusión y su estreno generó bastante expectativa, el pasado 21 de diciembre. Pero, ¿realmente vale la pena verla? De entrada amerita total honestidad: la película tiene una fórmula probada. Nadie podrá quejarse de su ritmo o cuestionar por dónde va la historia. No requiere ejercicio intelectual alguno ni un “ojo adiestrado” en el séptimo arte.

Cortesía: Netflix

Eso sí, también se debe ser demasiado snob para no aceptar el buen manejo del género de Bird Box; desde su inicio nos sumerge en la expectativa. El thriller se desarrolla a la perfección, aún cuando puede ser tachada de predecible, porque sí, lo es. A pesar de ello, debemos admitir que su narrativa nos va soltando poco a poco un anzuelo de preguntas que se van contestando conforme avanza la historia.

Y aunque hay un par de cabos sueltos, todo se olvida frente al meticuloso y siempre bien agradecido -al menos por mi- trabajo de Trent Reznor en la música, que si bien es un factor relevante para el suspense, en Bird Box se usa con gracia, pues se aleja de la obviedad. No hay silencios que se irrumpen estruendosamente. La melodía se dosifica como parte de la trama, con naturalidad.

Cortesía: Netflix

Por otra parte, Sandra Bullock parece haber pulido su interpretación lejos de los chick flicks y las comedias ligeras. Poco a poco se ha consolidado en el drama. Bird Box es  muestra de ello. Al elenco se suma John Malkovich, como… de John Malkovich, no es que se trate de un plagio a la obra de Spike Jonze, sino que el actor es el Johny Deep del hombre egoísta, duro y soberbio; la diferencia: Malkovich no aburre en ese papel. Al contrario, sigue siendo el ideal para dar vida a esos personajes.

Probablemente el libro sea mejor, quizá no lo sepa pronto, no planeo leerlo. Bird Box no será la película del año, ni la mejor producción de Netflix, pero si de algo goza es de ser ese tipo de películas que pese a sus “fallas” jamás será tiempo perdido. Si hubiera ido a alguna sala de cine a verla y mi acompañante me preguntara al salir qué me pareció, hubiera contestado un simple “meh”, bastante aceptable para una tarde de domingo o en su defecto, de vacaciones.

Cortesía: Netflix

La película no vio la pantalla grande, tuvo su estreno directamente en la plataforma. No tuve que cambiar la sudadera por una chamarra estorbosa, desde la comodidad de una cama, con un par de botanas y una cerveza cambié el “meh” por un “estuvo bien”. Sí, no es la cinta del año, pero amerita verla para relajarse un rato, para cambiar las series o stand ups. Es el regreso de esos “sábados apantallantes” o de “permanencia voluntaria” donde encontrabas programación ad-hoc para el entretenimiento en casa.

   
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