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¡Bienvenidos a La Feria internacional del Libro de Guadalajara! La FIL es el faro que ilumina el mundo de la literatura y nos guía por senderos de ideas y pensamientos; como cada año, el primer evento protocolario de la feria es la entrega del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, este año, el galardón fue para el poeta mexicano David Huerta.

Su discurso lo inició con un dejo de melancolía y dolor por lo que se vive en nuestro país:

En casi treinta años de existencia, este premio ha sido otorgado a nueve poetas y solamente hoy, a un poeta nacido en estos valles y llanuras, en estos lugares empapados en lágrimas y sangre que forman el país llamado México. No incurriré en nacionalismo pero el hecho me da mucho gusto, pues a los poetas de esta nación nos hace falta ánimo para seguir adelante, igual que a la mayoría de nuestros compatriotas.

Imagen cortesía FIL Guadalajara © / Bernardo De Niz

También hizo mención de los poetas que han recibido dicha distinción, Huerta los mencionó uno a uno. Desde el chileno Nicanor Parra y los cubanos Cintio Vitier y Eliseo Diego; hasta la uruguaya, Ida Vitale, sin olvidar el nombre de Tomás Segovia, el español naturalizado mexicano.

“Veo esa lista que agrupa un número de poetas igual al número de las musas y me entran deseos de salir corriendo. ¿Cómo así?, ¿cómo yo en esa lista? No es posible: es un sueño.

Imagen cortesía FIL Guadalajara © / Bernardo De Niz

A manera de homenaje David Huerta evocó remembranzas de cada uno de los poetas ganadores del Premio FIL de Literatura, pero rescato el que le dedicó a Nicanor Parra, Huerta señaló:

En un festival de poesía, en la Ciudad de México, los organizadores invitaron a Nicanor Parra. Desgraciadamente no vino, el dictadorcillo de Chile no se lo permitió. Yo participé en el festival, decidí utilizar el tiempo que me tocaba para leer versos del ausente; cuando concluí mi lectura, fui módicamente aplaudido. Vean ustedes lo que ocurrió luego. Cuando terminé de leer los antipoemas y me retiré del escenario, Octavio Paz me dio un abrazo y dijo: “Muy bien, Huerta, muy bien.” Fue la única persona de ese festival que mencionó que mi homenaje al antipoeta chileno tuvo sentido. Parra nunca se enteró. Pero por un instante me vi junto a esos dos poetas y sentí una alegría recóndita, solamente mía.

Al final de sus remembranzas el galardonado dijo con voz entrecortada:

A ellos les pregunto ahora: ¿Puedo recibir este premio? Como diría Borges, mi vanidad y mi nostalgia han armado una escena imposible. Los nueve poetas parecen asentir con un gesto leve, no sé si con desahogo o resignación.

También agradeció a sus maestros, colegas, interlocutores, amigos, de forma ingeniosa; relató lo que para él puede considerarse como el mejor poema del mundo y aseguró que es aquel que vive eternamente en la mente, con la fuerza no de uno, sino de varios poemas que resuenan los unos en los otros y con el tiempo se va formando una red infinita de imágenes, sensaciones y significados.

Eso es, en verdad, el mejor poema del mundo. ¿Cómo podemos escucharlo, verlo, leerlo, citarlo, memorizarlo? ¿Existe realmente o es únicamente un objeto conjetural como los edificios de las grandiosas especulaciones metafísicas, a veces cristalinas, a veces brumosas? ¿Es quizá como el Aleph de la calle Garay, en Buenos Aires, una pequeña esfera tornasolada en la que, a pesar de su tamaño, podemos asomarnos a la totalidad del universo visible? Podemos escuchar, ver, leer, citar, memorizar el mejor poema del mundo si somos capaces de mirar ese lugar donde se ha instalado y que, lo diré cuanto antes, se confunde y aun se identifica con él: la mente humana, la mente de cada uno de nosotros, la mente de todos. La mente humana es el mejor poema del mundo.

Para David Huerta el mejor poema del mundo es un himno de puros sentimientos afirmativos y luminosos, pero también desenvuelve la vida en toda su complejidad, con sus penas y atrocidades incluidas; Escuchar a David Huerta es  un lujo que sólo podemos encontrar en la FIL Guadalajara; la descripción que realizó del mejor poema del mundo despierta asombro. Para terminar se escuchó a un David Huerta emocionado decir que:

Recibir este premio me emociona como pocos hechos en mi vida. Este año he alcanzado las siete décadas de las que habla el Salmista. Espero que me crean si les digo que recibir el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances constituye un acontecimiento central y decisivo no nada más en el horizonte de mi trabajo literario sino en mi vida en su conjunto.

Imagen cortesía FIL Guadalajara © / Natalia Fregoso

Finalmente agradeció al jurado del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances del año 2019 por su decisión; a los que hicieron posible la ceremonia de premiación y a todos aquellos que hacen posible los libros.

Solamente la Feria Internacional del Libro de Guadalajara puede hacernos viajar a través del tiempo, gracias a las remembranzas que en esta ocasión realizó David Huerta al recibir el premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2019.

   
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