0
Shares
Pinterest Google+

Peregrino profano que utilizó el Atlántico como un puente que sirvió de vínculo para exportar sus transgresoras, pero innovadoras letras a una Europa de la que se nutrió para escribir imperecederos versos. Errante viajero cuyo amor por el perfeccionismo en la prosa y el verso lo llevó a explorar nuevos horizontes, nuevos amores y a alimentarse de ese fino arte que hoy pocos cultivan: la escritura.

Nicaragua, un país recién independiente, vio nacer, el 18 de enero de 1867, a un niño precoz quien desde los catorce años comenzó a escribir poesía, su nombre oficial: Félix Rubén García Sarmiento, quien más tarde se apropiaría del patronímico de su abuelo paterno y sería conocido como Rubén Darío.

Este niño precoz, influido en sumo grado por la obra de Víctor Hugo, se convertiría en el padre del modernismo literario hispanoamericano. Azul…, su libro de poemas y cuentos publicado en 1888, es reconocido como el texto fundacional de dicho movimiento.

La adopción de parnasianismo (corriente literaria que buscaba el arte por el arte, enfocándose en lo bello y excelso) fue parte medular en la obra del poeta nicaragüense; asimismo, el resurgimiento del verso alejandrino a través de su obra, distinguió a la nueva corriente finisecular decimonónica que se abrió paso Latinoamérica y España.

Ninfas, centauros, diosas y musas plagaron la obra del que fue investido como príncipe de las letras castellanas y es que Rubén Darío, como característica de su corriente modernista, se alejó de los cánones romanticistas y buscó la evasión del mundo burgués en que se encontraba imbuido, a través del escape que le brindó la mitología griega, con sus espacios idílicos, lo que podemos apreciar en títulos como Coloquio de los centauros, Ite, missa est, La Dea y Friso.

En la obra de este excelso poeta se acusa el uso recurrente del cisne como símbolo de la belleza, pero también de la sensualidad y el erotismo, temas recurrente en la obra de Darío, lo que se puede apreciar en su libro Prosas profanas y otros poemas.

Docto en el uso de la sinestesia, las letras de Rubén Darío no solo evocaban lugares idílicos, sino que traspasaban las fronteras de la tinta y lograban que el lector se transportara al lugar, presenciara sus colores, fuera testigo de sus aromas y, por un momento, conseguía lo que los modernistas más deseaban, escapar del mundo banalizado en el que se encontraban y sortear fronteras en donde lo bello y perfecto dominaba.

A 152 años de su nacimiento, la obra de este influyente autor se mantiene perenne en el colectivo hispanoamericano y nos invita. Azul…, Prosas profanas y otros poemas, Los raros y Peregrinaciones, son libros de lectura obligatoria que te transportarán a un mundo invadido de simbolismo, paisajes idílicos y criaturas fantásticas del que no querrás salir.

   
Artículo Anterior

The Old Man & The Gun

Artículo Siguiente

Desde la Tercera Cuerda

No hay comentarios

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *