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Desde su conquista total del cine estadounidense en la década de los 80, Steven Spielberg ha generado décadas de discípulos, aprendices y aspirantes; varios de ellos incluso fueron apodados “el próximo Spielberg”. No obstante, es probable que el joven M. Night Shyamalan fuera el más peculiar y el más lejano a portar este dudoso título. 

Nacido el 6 de agosto de 1970 en Mahé, India, pero criado en Penn Valley, Pensilvania, EEUU, Manoj Nelliyattu Shyamalan, mejor conocido como M. Night Shyamalan, mostró interés en el cine desde muy pequeño, realizando pequeños proyectos con la cámara Super-8 de su padre. El joven Nelliyattu fue criado en el hinduismo aunque asistiendo a escuelas católicas, lo cual lo le sirvió de inspiración para sus dos primeros largometrajes profesionales: Praying with anger (1992) y Wide Awake (1998).

Gracias a estas discretas incursiones, Shyamalan pudo entrar en el complicado mundo de Hollywood, escribiendo el guión de Stuart Little (1999. Dir. Rob Minkoff) y contribuyendo para She’s all that (1999. Dir. Robert Iscove). Pero fue hasta su tercer largometraje, The Sixth Sense (1999) que volvió locos tanto a la audiencia como a la crítica. Su exitosa mezcla entre el drama sentimental y el suspenso sobrenatural, catapultó su carrera de manera desproporcionada, poniéndolo inmediatamente en el reflector de la industria. 

Su potencial era innegable; y armado con el interés de las casas productoras, sus filmes Unbreakable (2000) y Signs (2002) convencieron a la mayoría de que la joven promesa estaba a punto de convertirse en el siguiente superpotencia de California. Pero, repentinamente algo (o todo) cambió.

A partir del lanzamiento de The Village (2004), los críticos y los espectadores comenzaron a darse cuenta de algo que tal vez siempre estuvo ahí, pero no habían querido ver. De pronto, comenzó a ser evidente la desconexión de Shyamalan con la comunicación humana natural. Sus diálogos ahora sonaban obtusos, su historia llamativa pero hueca y su mayor atractivo era solo la vuelta de tuerca al final.  Estos problemas sólo se vieron amplificados con sus siguientes cintas, Lady in the water (2006), The happening (2008), The last airbender (2010) y After Earth (2013).  

The Village (2004)

Durante casi 10 años, el realizador hindú, cayó en desgracia, su nombre se convirtió en sinónimo de películas de mala calidad y giros dramáticos exagerados y casi siempre sin sentido. Sin embargo e inesperadamente, algo cambió de nuevo en 2015, cuando The visit llegó a los cines y se ganó a la audiencia con su comedia autoconsciente y su estresante suspenso. La carrera del director pensilvano parecía estar en las fauces de un renacimiento, lo que parecía ser reforzado por el buen recibimiento de Split (2016). 

Actualmente, tras el estreno de Glass (2019), a sus 50 años, M. Night Shyamalan se presenta en un punto medio en su carrera, donde sus notorios problemas siguen ahí, pero ahora los utiliza a su favor de manera consciente, mientras logra interesar a las audiencias una vez más en sus próximos proyectos. Amado, odiado e incluso estudiado, Shyamalan es, sin duda, uno de los cineastas más peculiares de la actualidad, del cual podemos y debemos esperar cualquier cosa en el futuro.

   
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