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El silencio de Juan Rulfo se perpetúa hoy a treinta y tres años de su muerte, no obstante, su voz literaria atenúa este silencio,  haciéndose oír en su breve pero sublime obra. Nos habla aún a través de las ánimas de Comala, de los relatos que conforman El Llano en Llamas y el Gallo de Oro. Rulfo no necesitó escribir mil historias para convertirse en uno de los grandes autores de la literatura latinoamericana del siglo XX.

En el reducido pueblo de Apulco, Jalisco, nació Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno el 16 de mayo de 1917. Paradójicamente el esplendor logrado en  sus textos se debe en gran parte a los infortunios que presenció a temprana edad, como fueron las violentas secuelas de la Revolución Mexicana y la Guerra Cristera (a raíz de esta última su familia perdió la mayor parte de su patrimonio), además del fallecimiento de  ambos padres.

En sus registros biográficos se destaca el acceso que tuvo a la biblioteca personal del cura de la región cuando éste se marchó a la Cristiada. Rulfo desarrolló su indiscutible talento al introducirse a autores como Alejandro Dumas, Víctor Hugo, Dick Turpin, Buffalo Bill y Sitting Bull.

La esencia de cada hecho que lo marcó en su infancia está reflejado en su literatura. No en vano los lugares en donde transcurren sus argumentos están basados en los pueblos de Jalisco donde vivió (San Gabriel, Sayula, Apulco). En Pedro Páramo  cambia tan sólo el nombre de personas que él conoció para dar crear  a los personajes; sobre todo la influencia de su vida personal marca los temas que expone.

Rulfo pinta el panorama rural mexicano post-revolucionario, un contexto en el que prevalecía la violencia, asesinatos, disputas en torno a la tierra, despojos, y las adversidades de la vida en el campo. La figura paterna es un motivo recurrente en el trabajo del escritor, así como la orfandad y la muerte. Es el precursor del realismo mágico, corriente literaria que presenta la dualidad y la mezcla entre el plano de lo real y las visiones propias del folclore en México  que trascienden dicho plano para describir el mundo.

No se debe encasillar a Rulfo sólo al  ámbito de la literatura, pues además fue un notable fotógrafo, dejando un archivo de más de 6.000 negativos; retrató gente, paisajes y escenarios que bien podrían complementar visualmente aquellos lugares descritos en sus textos. Dentro del séptimo arte colaboró en la realización del cortometraje El Despojo y la película La Fórmula Secreta. Su segunda novela  El Gallo de Oro sin haber sido creada para tales efectosfue adaptada a guión cinematográfico.

Rulfo tenía un profundo amor e interés por nuestro país  y se dio a la tarea de documentar de manera poética la cultura popular mexicana, tan única y mística como la narrativa del propio autor. Nunca serán suficientes homenajes para el hombre que homenajeó a México.

   
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