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Gustav Klimt es uno de los pintores más representativos de Austria, al que identificamos por poseer un estilo singular en el que se combinan la intensidad de los colores, diseños hipnotizantes, el realismo de sus retratos, un inconfundible uso de la hoja de oro, erotismo y elementos simbólicos. Con motivo del festejo de su nacimiento ocurrido el 14 de julio de 1862, te presentamos detalles para ahondar en su unicidad.

En la trayectoria de Gustav Klimt se aprecia una ruptura significativa. Sus primeras obras formaron parte del llamado Arte Académico, predominante en siglo XIX y que representaba un giro conservador en las temáticas y técnicas usadas tanto en pintura, escultura como en arquitectura. Klimt se adjudicó gran reconocimiento en la comunidad artística en Viena, sin embargo, estar sujeto a las normas del academicismo le provocó inconformidad con su trabajo.

La Dama de Oro de Gustav Klimt

Al desarrollar sus ideas y nuevas propuestas, se encontró con varios artistas que, como él, buscaban desapegarse de los criterios establecidos que les impedían experimentar e innovar. Es así como se dio origen a la Secesión de Viena en 1897, con Gustav Klimt como primer presidente; este grupo promovía el arte de manera independiente, sin restricciones a la labor creativa y abierto a estilos como el Naturalismo, el Realismo y el Simbolismo.

Sobre Klimt podemos afirmar que su pasión fue plasmar la feminidad, en la que la desnudez se hizo presente en numerosos cuadros, pero no en sentido vulgar, sino con fuertes cargas simbólicas, haciendo alusión a cuestiones como la fuerza, sensualidad, infancia, el embarazo, la belleza y la pérdida de ésta con el paso del tiempo. La mujer es una figura predominante es sus pinturas, sin embargo, observamos elementos extra que dotan a su obra de un carácter único.

El árbol de la vida de Gustav Klimt

Pinturas como El beso, Danaë, La dama dorada y Judith con la cabeza de Holofernes son algunos ejemplos de su reconocida “etapa dorada” en la que usaba oro en determinadas partes del cuadro, como fondo de sus retratos de gran realismo para hacer contrastes o resaltar formas. Aunado a eso, después de estudiar los mosaicos bizantinos, incluyó sus diseños mezclándolos con las aplicaciones doradas.

Gustav Klimt gustaba de agregar numerosos adornos en sus pinturas, diferentes patrones de figuras coloridas se hacen presentes en todas sus fases, aún después de su etapa dorada continuó usando este recurso, que también es notorio en sus paisajes.

El beso de Gustav Klimt

Cuando llegaba el verano, el artista se enfocaba en capturar los alrededores campestres de Austria. Los paisajes de Klimt son eternos mosaicos de vegetación; mediante el uso de técnicas impresionistas, creó texturas que se valen del color para adentrarnos en el panorama, plasmado también de manera inigualable.

El hecho considerado escandaloso, de adquirir un estilo propio que se revelaba al arte académico, no impidió que siguiera ganando reconocimiento. Es por ello  que admiramos su osadía al oponerse a lo establecido de la misma manera que apreciamos su magnífica obra.

Judith de Gustav Klimt
   
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