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A pesar de los esfuerzos de la humanidad por tratar de escribir el instructivo para encontrar la felicidad, lo único que hemos encontrado al final son más preguntas que respuestas. Las ciencias sociales han tratado de darle sentido y de ubicar a la felicidad aunque es verdad que no se dedican tantas páginas en las investigaciones para ello. 

Desde Aristóteles hasta la modernidad se habla de la felicidad como algo que se alcanza en la vida, la luz al final del túnel, sin embargo también se apunta la descripción de este estado como una forma de contener a las masas, una herramienta más de los pequeños círculos de poder para emancipar a aquellas personas de quien se servían para mantenerse en lo más alto y codiciado de la montaña social. 

Es por esto, que muchos filósofos y pensadores afirmaban que para alcanzar la felicidad debías llevar una vida alejada de las malas prácticas, lo cual en esencia no es dañino, sino cuando comienza a utilizarse a conveniencia, en el momento en el que solo las prácticas que las clases más altas consideran como adecuadas rigen esta idea de conseguir la felicidad y es así como se utiliza para someter a aquellos que aspiren a desobedecer. 

Ahora bien, no es un secreto que en muchas ocasiones se ha asociado a la felicidad con el poder adquisitivo que cada persona tiene, es decir, con la cantidad de objetos materiales que pueda obtener y el valor monetario de los mismos, sin embargo, a lo largo de los años se ha dicho que la felicidad es una práctica individual, después alguna otra corriente nos habla de que en realidad la felicidad es algo colectivo y así van surgiendo y creciendo las teorías que nos lleven a la fórmula de la codiciada emoción. Quizá sea la naturaleza del ser humano, aquello que nos diferencía de otras especies, preguntarnos y tratar de responder nuestros propios cuestionamientos lo que necesitamos para darle sentido a nuestra existencia. 

Si bien la felicidad puede verse como la meta a alcanzar o los pequeños momentos que nos conforman, es un estado al que no hay que pensarlo como algo estático. Una de las características más importantes a recalcar de las emociones es que se necesitan unas a las otras para poder reconocerlas dentro de nuestras vidas. Es por eso que en este día de la felicidad te invito a dejar las emociones atravesarte, reconocerte feliz, enojado, triste y darte cuenta qué es lo que te produce sensaciones que te agraden: dormir, bailar, cantar, dibujar, leer, cocinar, acariciar a tu perrito, abrazar a tu familia, abrazarte a ti, lavarte los dientes…lo que sea que te produzca felicidad es esa meta a la que todos queremos llegar. Quizá sea un paso más para poder honrar a la felicidad en su día: permitiéndole existir en nosotros, sin olvidar que no compite con el resto de las emociones, todas se acompañan (Sí, así como en la peli de Pixar, INTENSAMENTE). 

   
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