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Como cualquier adolescente pasé por varias etapas musicales. Experimenté el pop de moda, comencé a familiarizarme con la música dance por mi hermana y sus amigos; en la escuela mis compañeros me enseñaron lo indie, el reggae y el trance. No es un secreto la influencia que llevo de The Beatles, Deep Purple, The Rolling Stones, Pink Floyd y otros grupos legendarios. Pero hay un descubrimiento al que llegué sola antes de que existieran plataformas que hicieran recomendaciones basadas en tus reproducciones.

No tengo en la memoria el nombre de la estación donde oí por primera vez esos acordes. Seven Nation Army me cautivó al instante. Tardé un par de días en descubrir al responsable de aquella tonada que no podía olvidar. El disco llegó a mis manos, qué portada tan característica para un álbum, ni se diga de su nombre: Elephant. Nunca antes había oído hablar de los White Stripes, pero su arte y la canción habían logrado seducirme. Qué emoción sentí al escuchar de nuevo aquella guitarra. Los primeros minutos del disco le pertenecían justo a esa canción.

Probablemente tardé una hora antes de quitar el botón de repetir para escuchar el resto de Elephant. Me tomó varios años sentir cariño por ‘Black Math’, el resto fue aceptación total. Sin duda quería saber más de los White Stripes. Con el tiempo supe que ese era el cuarto disco de la banda, pero llegué justo a tiempo para conocerlos porque con su cuarta entrega lograron consolidarse, ganar dos premios Grammy y llamar toda la atención de melómanos, críticos y rockeros por igual.

En este mes se cumplen 15 años de aquel lanzamiento que nos regaló el excelente cover de ‘I Just Don’t Know What To Do With Myself’, la melódica ‘You’ve Got Her In Your Pocket’, el soft rock de “The Air Near My Fingers” y la sencillez pegajosa de ‘The Hardest Button to Button’ cuyo video musical sería inmortalizado bajo la dirección de Michel Gondry.

Hace quince años también nació una de las mejores canciones de guitarra, según Q Magazine, y probablemente una de las seis o siete mejores según mi propio criterio, donde a ‘Seven Nation Army’ sólo la superan ‘Whole Lotta Love’ -sí, odienme por no decir ‘Stairway to Heaven’-,  ‘ Purple Haze’, ‘Layla’, ‘Highway Star’, ‘Comfortably Numb’ y ‘Black Magic Woman’. La composición se volvió legendaria, tanto que hoy en día se ha convertido en un himno para el deporte. Se corea en estadios de soccer, americano e incluso para celebrar la victoria de Michael Schumacher en el Gran Premio de Francia en 2006.

Elephant es el regalo que en 2003 Jack White le dio al mundo. Sin saberlo, se convertiría en uno de mis discos favoritos, con él me acerqué al hombre que mejor entiende el rock en nuestros tiempos. Con este disco, White me enseñó -y lo sigue haciendo- que en nuestra época sí hay virtuosos que siguen construyendo la historia de la música. Junto a su hermana Meg White, podrán vestirse de gala y hacer una celebración en rojo, negro y blanco; digno de los White Stripes.

Elephant probablemente fue un pequeño paso en la carrera de Jack White; para mi fue un gran paso en mi manera de concebir la música de mi generación. Hoy pienso en ese disco y pienso en talento, también me recuerda a mi adolescencia, a viejos amigos. Sus once canciones fueron mi compañía en una etapa donde buscaba definirme, desde entonces los  White Stripes y su líder han formado parte del soundtrack de mi vida.

 

   
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