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La prolífica carrera de Francois Ozon se ha forjado a partir de un concepto simple: la perversidad.

Desde su definición, la perversidad describe a una persona que “obra con mucha maldad y lo hace conscientemente o disfrutando de ello”. No he encontrado un adjetivo que represente mejor a Ozon, un director que goza construyendo relatos donde la malicia, la incertidumbre y el engaño son piezas omnipresentes.

A Ozon lo descubrí con Swimming Pool, una película que cuenta la historia de una escritora madura que pide prestada la casa de verano de su editor a fin de encontrar la paz que le permita crear su próxima novela. Más que paz, la artista se encontrará con la joven hija de su editor, una especie de Lolita moderna que pondrá en jaque la cordura de la mujer.

Swimming Pool

Swimming Pool posee una extraña atmósfera maligna, transmite la sensación de que algo anda mal, de que escondido detrás de una aparente calma, se oculta un perturbador secreto.

Sorprendido por su nocivo estilo, inmediatamente regresé en el pasado por la filmografía de Ozon. Amantes Criminales, Bajo la Arena y Gotas de Agua sobre Piedras Calientes, me confirmaron la existencia de un artista muy desmarcado de sus colegas franceses, cuyas películas se limitaban a recrear las comedias románticas americanas sosas y simplonas.

Perjudicado por la poca distribución de sus filmes en el mercado mexicano, tuve sequía de Francois Ozon durante casi nueve años. En el 2012 -impulsado por sus triunfos en festivales internacionales-, llegó a salas nacionales Dans la Maison -En la Casa-, la obra cumbre del cineasta galo, una combinación estupenda de todas las obsesiones de Ozon: crimen, tensión, sexualidad y mentiras. De alguna forma, En la Casa es la hermana mayor de la última película de Yorgos Lanthimos, The Killing of a Sacred Deer.

En la Casa

Después del relativo éxito comercial de Dans la Maison, las películas del director tuvieron estrenos constantes en México. Joven y Bella -el homenaje de Ozon al Buñuel erótico-, Una Nueva Amiga -el thriller con aires a Godard y Chabrol- y Frantz -su drama impresionista-, vieron la luz en la cartelera nacional y confirmaron a un artista fiel a su punzante método.

Frantz

El perverso Ozon, un director original, vil y sobre todo, muy entretenido. Pocas veces recomiendo a directores franceses en las páginas de Bogart Magazine, a Ozon vale la pena revisarlo una y otra vez.

   
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