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Ha transcurrido una década desde que el público conoció a Summer (Zooey Deschanel) y a Tom (Joseph Gordon-Levitt). Ella, una bella mujer, segura de sí misma, auténtica e incrédula del amor; él, un arquitecto frustrado cuya idealización que tiene acerca del amor le permite soportar los días monótonos en su trabajo. La unión de estos dos opuestos culminó en lo que podría considerarse una película de culto que se mantiene vigente en la vox populi.

La historia de (¿)amor(?), narrada anacrónicamente, entre Summer y Tom ha superado el paso del tiempo y abrió un debate en el público que no ha podido ser resuelto ¿Es Summer una mujer fría que jugó con el maleable corazón de Tom? Un amplio número de espectadores se aferran a esta idea y utilizan a esta mujer como símbolo de la decadencia del amor. ¿Tom es un tonto que se sumergió en una relación sin un futuro real? Los defensores de esta tesis apoyan a Summer y ven al protagonista del filme como responsable de su propia desgracia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La pugna continúa sin resolverse. Lo que inició como un filme independiente, basado en la experiencia de Scott Neustadter, uno de los guionistas, llegó a trastocar los paradigmas del amor posadolescente y encontró su sitio ideal en el contexto posmoderno en donde el amor es un valor de cambio tan efímero como los 500 días que Tom vivió con Summer.

Si bien la premisa es simple, su acierto radica en la narrativa no lineal en que se presenta. Así, el espectador navega a lo largo de la relación de amor, anticipándose a su inminente fin, lo que no impide que disfrute los momentos en que el cariño se hace patente. La fotografía juega un papel preponderante y sirve como termómetro de la relación de Summer y Tom, así los colores vívidos que el director muestra en la cumbre del amor se ven opacados por la frialdad de los
tonos cuando Tom sufre.

 

 

 

 

 

 

 

 

Es importante resaltar el detalle de la ausencia del rojo en el filme, color comúnmente asociado al amor, lo que es congruente con la advertencia que se hace al inicio de la cinta “esto no es una historia de amor”. Por el contrario, los tonos azules inundan la pantalla, la razón, dicen, se debe a que los productores deseaban resaltar los ojos de Zooey Deschanel. ¿O denotan la frialdad de Summer?

Resulta ocioso realizar una crítica acerca de una película como esta, que cuenta con múltiples interpretaciones por parte del público. La lucha entre aquellos que defienden a Summer y los que santifican a Tom no vaticina un fin próximo. Tal vez una década no ha sido suficiente para determinar quién tiene la razón, o tal vez, -solo tal vez-, nadie la tiene y el contexto en que uno se encuentre determina a qué equipo pertenece.

Tal vez unas veces hemos sido Summer y otras veces el lacrimógeno Tom. De lo que si existe certeza es de que 500 días con ella o 500 Days of Summer o como deseen nombrarla llegó para quedarse en el gusto popular, para enfrentar el concepto del amor e incluso redefinirlo; llegó para no ser olvidada.

   
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